Especial | Estos son los planes fracasados del Gobierno previo al nuevo Dicom

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Caracas – Ante la activación del nuevo Sistema de Divisas del Tipo de Cambio Complementario Flotante de Mercado (Dicom) para este jueves, anunciado así por el Gobierno Nacional, es importante destacar que esta plataforma; último invento del Ejecutivo en una larga serie de mecanismos de control de cambio desde 2003, se acerca a cumplir dos años, durante los cuales ha mutado y funcionado de forma inconstante sin poder cumplir el objetivo de acabar con el mercado paralelo.

Esta historia comenzó el 9 de marzo de 2016, cuando el entonces vicepresidente para el Área Económica, Miguel Pérez Abad, anunció la reforma del conjunto de regulaciones cambiarias para establecer dos tasas. Una, el sistema de Divisas Protegidas (Dipro) quedaría fijada en Bs 10 por dólar y estaría restringida a la importación de alimentos y medicamentos. La otra, el Dicom, sería flotante y determinada por la oferta y la demanda durante sucesivas subastas. La tasa inicial fue la del Sistema Marginal de Divisas (Simadi), que en ese momento estaba en Bs 206,92 por dólar.

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Sin embargo, el componente novedoso del Dicom brilló por su ausencia a lo largo de todo el año 2016, excepto por el hecho de la flotación. De resto siguió funcionando con las reglas del viejo Simadi.

En lo meses siguientes al lanzamiento, Pérez Abad adujo que esto se debía a que estaban ajustando la plataforma tecnológica. Durante ese período, el bolívar transado en el sistema se devaluó hasta casi 700 unidades por cada dólar. Además, el Estado despachó muchas menos divisas al sector privado que en años anteriores.

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No fue sino hasta mayo de 2017 que el Dicom empezó a funcionar con normas propias. Esta vez tocó al sucesor de Pérez Abad, Ramón Lobo, explicar su funcionamiento. El sistema haría una subasta semanal entre jueves y viernes, tanto para personas naturales como para personas jurídicas, con posibilidad de que ambas también vendieran divisas. La tasa de cambio flotaría dentro de un rango limitado por dos bandas que sería modificado con cada subasta, dependiendo de la oferta y la demanda.

En principio, todos los compradores estarían en igualdad de condiciones para ser considerados. Sin embargo, si la demanda hacía que el precio se elevara hasta chocar con la banda superior, hecho que se volvió frecuente, el sistema tendría que manejarse en situación de «contingencia», en cuyo caso solo se tomaría en cuenta a aquellos sectores que el Gobierno juzgara como prioritarios. En la primera subasta, el tipo de cambio quedó fijado en Bs 2.010.

El Dicom funcionó con algo más de transparencia que sus predecesores, puesto que el Comité de Subastas (ente adscrito al Banco Central de Venezuela) publicaba cada semana la lista de empresas y personas que recibieron divisas en la sesión anterior. Sin embargo, la oferta siguió cayendo con respecto a años anteriores. En las catorce subastas fue despachado un total de 367.7 millones de dólares, de los cuales 82% fue repartido entre 5.912 empresas. Y aunque la tasa aumentó progresivamente hasta llegar a un techo de Bs. 3.345, se mantuvo siempre muy rezagada con respecto a la del mercado negro, lo que minimizó los incentivos para la venta por privados.

El sistema se paralizó abruptamente a finales de agosto, cuando el Gobierno nacional anunció que dejaría de subastar dólares para «romper la dependencia» con respecto a la moneda norteamericana. Esto respondió a las sanciones del Ejecutivo estadounidense contra Pdvsa, principal fuente de divisas para Venezuela, y varios funcionarios venezolanos individuales. En vez de eso, el Dicom funcionaría con una cesta de monedas que incluiría euros, yuanes chinos, yenes japoneses, rublos rusos y rupias indias, sin embargo, tal alternativa nunca se implementó.

Así transcurrió el resto de 2017, sin ningún despacho de moneda extranjera excepto dentro del Dipro. Ahora, fingiendo demencia con respecto a la cesta, el Gobierno asegura que el Dicom operará mediante las remesas que envíen los venezolanos desde el exterior. No obstante, ante un mercado paralelo que permite vender cada dólar por muchos más bolívares, no hay incentivos para que los envíos de dinero sean transados a tasa oficial. Por otro lado, existe el riesgo de que el Gobierno imponga el sistema mediante mayores limitaciones a la banca privada.

Mientras el Dicom ha tenido este desempeño accidentado, el dólar innombrable no ha parado de crecer. Desde marzo de 2016, este incremento ha sido de 18.782,71%.

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