En el marco de su 56° aniversario, la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) ha fijado postura sobre el nuevo tablero geopolítico y financiero que enfrenta el país.
Para Tito López, presidente del gremio, la entrada en vigor de las licencias generales 56 y 57 de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) no es solo un trámite administrativo.
De acuerdo con López, ambas concesiones representan el catalizador necesario para reactivar un aparato productivo que ha operado bajo el peso del sobrecumplimiento y el aislamiento crediticio.
Brecha financiera y estabilidad de precios
El análisis de Conindustria es pragmático: la economía venezolana necesita que el dinero fluya de las cajas fuertes al sistema bancario.
Con la reactivación operativa del Banco Central de Venezuela (BCV) y la banca pública, el gremio estima que unos 6.000 millones de dólares en efectivo podrían formalizarse.
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Esas divisas podrían transformarse en capital transable e inversión útil, lo cual permitiría atacar uno de los males de la competitividad nacional: la brecha cambiaria.
Al normalizarse la dinámica financiera, se espera, además, un aumento en la oferta de divisas, que proporcione la tan ansiada estabilidad de precios.
Libertad de movimiento para los manufactureros
Más allá de la liquidez inmediata, el sector manufacturero ve en estas licencias una garantía de viabilidad ante los mercados globales.
Tito López destacó que la industria nacional está lista para presentar proyectos de modernización, transición energética y sostenibilidad ambiental ante organismos multilaterales.
Las iniciativas podrán ser mostradas y compartidas gracias a la libertad de movimiento que ha otorgado el Departamento del Tesoro y su Oficina de Control de Activos.
Tributos, burocracia y energía eléctrica: La tarea pendiente
Conindustria ha urgido al Ejecutivo de Delcy Rodróguez a avanzar en una reforma tributaria profunda y en la simplificación de trámites burocráticos que hoy asfixian la competitividad.
A esto se suma el desafío energético. Los manufactureros venezolanos saben a la perfección que sin energía constante no hay industria competitiva.
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El objetivo último trasciende, por tanto, los balances contables. Conindustria apuesta a que esta flexibilización se traduzca en empleo formal.
Al reducir los costos transaccionales y facilitar el acceso al financiamiento, las empresas podrían aumentar su productividad, pero también mejorar las remuneraciones de sus trabajadores.
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