La estabilidad de precios en Venezuela es un espejismo que empieza a desvanecerse en el primer tramo de 2026.
Según datos oficiales, difundidos por el Banco Central de Venezuela (BCV) y validados por diversos sectores financieros, el país ha cerrado el trimestre enero – marzo con una inflación acumulada del 71.8%.
La cifra enciende las alarmas de analistas y empresarios. Para esos sectores, el índice es la evidencia de cómo el ímpetu del crecimiento económico se topa con la persistente subida de precios.
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En términos individuales, marzo confirmó que la economía venezolana se mantiene atrapada en una dinámica de alta inflación mensual. En sus 31 días, marzo dejó un registro inflacionario de 13.1%.
El principal motor de este fenómeno ha sido, una vez más, el comportamiento del tipo de cambio. En apenas 90 días, el bolívar se depreció un 36.4% en el mercado oficial.
Hacia el cierre del pasado mes, la paridad del bolívar frente al dólar era de 473,87 bolívares por cada dólar estadounidense.
El bolsillo ciudadano en jaque
Para el venezolano de a pie, las estadísticas se traducen en una realidad cruda frente a los anaqueles. El rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas subió un 12.6% durante el último mes.
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Esta variación es particularmente sensible, dado que la política de bonificaciones, a través del Sistema Patria, no logra llevarle el paso a una tasa de cambio que se mueve más rápido que la capacidad de respuesta fiscal.
Algunos expertos agregan que el aumento de la liquidez para financiar el gasto público y los recientes ruidos en el panorama político nacional inyectaron una dosis de incertidumbre que también se trasladó a los precios.
Hacia un segundo trimestre incierto
La meta de alcanzar una inflación de un solo dígito mensual parece, por ahora, una tarea pendiente.
La estrategia de intervención cambiaria del BCV ha sido constante, pero no suficiente.
El sector privado sigue demandando moneda extranjera. Además, la necesaria reposición de inventarios, tras el asueto de Semana Santa, mantuvo la presión sobre el flujo de caja nacional.
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De allí que el primer trimestre de 2026 deje una lección clara: el crecimiento del producto interior bruto (PIB) no es garantía de estabilidad, si no se logra un anclaje efectivo de las expectativas cambiarias.
En todo caso — y mientras cambia el panorama — los venezolanos inician abril con un ojo en el precio del dólar y el otro en la canasta alimentaria, esperando que los ingresos por renta petrolera y la disciplina fiscal prometida logren doblegar la curva de los precios.
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