La propuesta presupuestaria presentada por Donald Trump es el anticipo de una feroz batalla política.
La jornada de este viernes, el mandatario dio a conocer la ruta fiscal que le propondrá al Congreso.
En su iniciativa, el republicano propone un recorte de 10% en todos aquellos gastos discrecionales que no se relacionen con la defensa.
Por su parte, El Pentágono y agencias de seguridad recibirán un incremento sustancial en sus partidas.
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Desde la Casa Blanca se defiende la propuesta, argumentando que permitirá mejorar las capacidades bélicas de Estados Unidos.
También se ha dicho que se fortalecerá la tecnología con la que las fuerzas de seguridad vigilan la frontera sur.
La administración Trump también arguye que el gasto en departamentos como Educación ha crecido de forma «metastásica».
Sin embargo, el recorte de 10% en educación, en iniciativas medioambientales y en programas sociales supone el despido de cientos de empleados federales.
“Hard power” Vs. “soft power”
La reducción de fondos también afectará, en forma considerable, los programas de ayuda exterior que maneja el Departamento de Estado.
La decisión tendrá un impacto en el “soft power” estadounidense, generando un vacío que otras potencias — como China — estarían dispuestas a llenar.
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Todo indica que la administración Trump pretende revertir esa debilidad mediante el incremento de su capacidad militar.
Según la propuesta, el Departamento de Defensa recibirá un cheque en blanco para su modernización.
De hecho, se privilegian los fondos para el desarrollo de inteligencia artificial aplicada al combate, la ciberdefensa y la expansión de la Fuerza Espacial.
El riesgo de “shutdown”
El papel suele aguantarlo todo, pero el Congreso no. Por ende, la propuesta presupuestaria de Trump deberá atravesar un camino minado.
Aunque con mayoría en ambas cámaras, el magnate pudiese enfrentar la resistencia de algunos de sus copartidarios.
Para ciertos legisladores republicanos, los recortes en agricultura o servicios sociales pudiesen representar un dolor de cabeza.
A esas objeciones se sumará la más que esperada oposición demócrata. Por ese motivo, los especialistas anticipan un desacuerdo mayúsculo entre Ejecutivo y Legislativo.
La consecuencia esperada de tal disyuntiva sería un nuevo cierre (o “shutdown”) del Gobierno federal.
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