En un movimiento que redefine la relación entre el Estado y el sector privado, el Gobierno chino ha dado un golpe de autoridad sobre la mesa.
El Ejecutivo de Xi Jinping ha ordenado, a las refinerías independientes, producir «a toda costa».
En el léxico de Pekín, esto significa que la rentabilidad corporativa ha pasado a un segundo plano.
Para el Gobierno central chino la prioridad absoluta es la seguridad energética nacional.
Fin de la autonomía de las “Teapots”
Las plantas privadas que se dedican al mejoramiento de crudo en la provincia de Shandong representan una cuarta parte de la capacidad de refinación de China.
Las denominadas “Teapots” han operado históricamente con una flexibilidad que les permitía ajustar su producción, según el precio del barril.
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Sin embargo, con el barril de crudo Brent y el WTI bajo presión por el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, Pekín teme agotar sus reservas sin la posibilidad de una reposición inmediata.
Por ende, la directriz ejecutiva obliga a las “Teapots” a absorber crudos que otros mercados evitan, actuando como una especie de esponja logística.
Al mantener a esos complejos operando a plena capacidad, China no sólo asegura el suministro para sus industrias y transporte, sino que también crea un colchón de inventarios que le permitiría resistir un hipotético corte prolongado de las rutas marítimas tradicionales.
Válvula de escape para el crudo sancionado
Desde la óptica del análisis financiero, la medida también tiene una lectura secundaria.
Con el precio del barril de crudo por los aires, China le está apostando al petróleo sobre el que pesan sanciones.
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Ese hidrocarburo, que suele encontrarse en el mercado negro, es vendido con descuento.
Acceder a ese tipo de petróleo permitiría mantener la producción «a toda costa», sin que las refinerías quiebren por el alto costo del crudo en el mercado convencional.
Implicaciones para el mercado global
La decisión de China de no recortar su producción, a pesar de que los márgenes de refino están en mínimos históricos, actúa como un ancla para el precio del crudo.
Mientras Pekín siga demandando barriles para alimentar su «maquinaria de refino forzado», el piso del precio del petróleo se mantendrá firme.
Sin embargo, para los refinadores en Europa y Estados Unidos, esto representa una competencia desleal, pues están luchando contra empresas chinas que no operan bajo las leyes de la oferta y la demanda, sino bajo decretos de estabilidad estatal.
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