En los despachos de Washington y en las sedes de las «Big Tech» espaciales, las cifras ya no se cuentan en kilómetros, sino en miles de millones de dólares.
Según los últimos reportes de auditoría del programa Artemis, la ambición de la NASA de establecer una presencia permanente en la Luna alcanzará una inversión acumulada de 93.000 millones de dólares.
Para ponerlo en perspectiva, la cifra supera el Producto Interno Bruto (PIB) de varias naciones medianas, lo cual plantea una interrogante que incomoda a muchos parlamentarios en Estados Unidos: ¿puede la economía de ese país permitirse este segundo “gran paso»?
La anatomía del gasto
Para entender el origen de los 93.000 millones de dólares hay que considerar, en primer lugar, el costo de las instalaciones en la Tierra.
La infraestructura relacionada con el lanzamiento supuso invertir 5.700 millones de dólares entre plataforma de despegue, torres de servicio y sistemas de control.
A la cantidad inicial se suma el coste del cohete SLS (Space Launch System). Se trata de una unidad no reutilizable que, de acuerdo con cifras oficiales, implicó el desembolso de 23.800 millones de dólares.
Te puede interesar: Trato de “socios”: Donald Trump afirma que petróleo venezolano da “independencia” a su país
Luego está la cápsula espacial Orión. Esa nave, que demandó 20.400 millones de dólares, será el refugio de los cuatro astronautas que conducen la misión.
Gracias a la cápsula, los tripulantes podrán mantenerse con vida, aun en medio de las condiciones extremas en las que permanecerán mientras se encuentran en el espacio.
A los gastos mencionados se debe adicionar el costo del Sistema de Alunizaje Humano (o HLS, por sus siglas en inglés). Para los efectos de la misión Artemis, el HLS fue delegado a dos corporaciones privadas.
Al trabajar de la mano con SpaceX (la empresa creadora del mega cohete Starship) y con Blue Origin, la NASA no es la dueña absoluta del vehículo. La agencia debe pagar, por tanto, el “servicio de transporte” que las empresas le “brindan” a sus astronautas.
Retorno de inversión
Desde un punto de vista estrictamente financiero, el programa Artemis no se justifica sólo con fotos en el polo sur lunar. La apuesta es por la economía cislunar.
Analistas de Goldman Sachs y Morgan Stanley ya han valorado la «economía del espacio profundo» en más de un billón de dólares para la próxima década.
Te puede interesar: China denuncia que licencias mineras de EEUU para Venezuela excluyen a sus empresas
Fuera de nuestro planeta, en el entorno y el subsuelo lunar, hay recursos estratégicos como el Helio – 3 (potencial combustible para la fusión nuclear) y agua helada (que se usaría en la generación de hidrógeno y oxígeno).
Por eso, la misión Artemis no sólo pretende hacer que el hombre regrese a la Luna, sino establecer en ese satélite una base tecnológica que permita misiones frecuentes. Además, la experiencia podría servir como ensayo general para un salto posterior hacia Marte.
El coste de no ir
En el análisis de costo – beneficio, hay una variable invisible: la competencia con China y su Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS, por sus siglas en inglés).
Si Estados Unidos abandonara la carrera debido a sus altos costes, cedería algo más que el prestigio. La Unión Americana estaría perdiendo la oportunidad de controlar los corredores logísticos espaciales y la normativa internacional sobre la propiedad de recursos extraterrestres.
Por ende, los 93.000 millones de dólares de Artemis no son un gasto en ciencia ficción. Son, sin duda, una inversión crítica y necesaria.
Dada la relevancia, la pregunta para los contribuyentes no debería ser cuánto cuesta ir a la Luna, sino cuál sería el coste económico y estratégico para las futuras generaciones de quedarse atrás, en la Tierra.
¿Deseas recibir en tu celular las noticias más importantes del día? Entonces, únete a nuestro canal en Telegram https://t.me/Descifrado

