¿A qué costo? Sheinbaum propone que México acoja partidos de Irán durante el Mundial de Fútbol 2026

La Copa del Mundo 2026, diseñada originalmente como un símbolo de unidad norteamericana, enfrenta hoy su mayor prueba de fuego.

En un giro diplomático de alto calado, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha iniciado conversaciones formales con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

Desde Ciudad de México se ha anunciado que el objetivo es el de evaluar la posibilidad de que la selección de Irán dispute la totalidad de sus encuentros de fase de grupos en territorio mexicano.

La iniciativa surge como una «válvula de escape» ante la escalada bélica en el Golfo Pérsico. La guerra hace prácticamente inviable — por razones de seguridad nacional y tensiones diplomáticas — que el conjunto persa pise suelo estadounidense en el corto plazo.

El costo de la neutralidad: Logística y seguridad

Desde una perspectiva económica, la iniciativa de Sheinbaum es un arma de doble filo.

Por un lado, México se posiciona como un facilitador global, reafirmando su tradición de política exterior neutral.

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Sin embargo, a contramano, el costo operativo de albergar los partidos de Irán en este contexto no es menor.

Expertos en seguridad estiman que el despliegue de la Guardia Nacional y servicios de inteligencia para «blindar» las sedes donde podría jugar Irán incrementaría el presupuesto de seguridad del torneo en un 15% adicional.

Hasta la fecha, el país azteca ha invertido cerca de 200 millones de dólares en refacciones y mejoras a los estadios de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, las tres ciudades que albergarán partidos. 

La presión de Washington y el T-MEC

El gran elefante en la habitación es la postura de Estados Unidos y Canadá, los socios de México en el Mundial.

En un momento donde Washington lidera las sanciones y acciones militares contra Teherán, la propuesta mexicana podría generar fricciones y provocar la irá del presidente Donald Trump.

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El mandatario, con tendencia a la imposición de aranceles o al abandono de acuerdos multilaterales, podría castigar las importaciones llegadas desde la República mexicana o, incluso, deshacer el T-MEC, tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.

No obstante, para la FIFA, la propuesta de Sheinbaum es un «salvavidas contable». La cancelación de la participación de Irán o su traslado a una sede fuera de Norteamérica implicaría pérdidas multimillonarias en derechos de transmisión en Asia y compensaciones por patrocinios.

México ofrece, por lo tanto, una solución para mantener la integridad del negocio de 11 mil millones de dólares que representa este Mundial.

¿Riesgo u Oportunidad?

Para México, el beneficio no es sólo la derrama inmediata, sino el «soft power». Lograr que el la Copa del Mundo se juegue sin contratiempos, aun en medio de una crisis energética y bélica global, enviaría un mensaje de estabilidad a los mercados internacionales.

Sheinbaum juega, por tanto, su carta más audaz: convertir a su país en el epicentro de la paz deportiva, mientras el resto del tablero geopolítico se incendia.

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