Altos costos de fármacos ponen en riesgo a pacientes crónicos

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naccesibles. Así se encuentran los precios de los medicamentos para las enfermedades que requieren tratamientos prolongados o de por vida, como es el caso de hipertensión arterial, diabetes y esquizofrenia, entre otras, si se comparan con lo que gana un trabajador, cuyo salario mínimo integral mensual fue fijado el 1ro de mayo en 800 mil bolívares: Bs 400 mil de sueldo y la misma cantidad en bono de alimentación.

Basta con pasearse por las farmacias localizadas en la zona metropolitana del estado Anzoátegui para constatar la realidad que viene golpeando a la población, que actualmente se ubica entre las más vulnerables a desencadenar cuadros graves de salud ante la pandemia por covid-19 que se instaló en Venezuela desde marzo.

Y es que sólo en la región anzoatiguense se han registrado más de 1.000 casos positivos del virus y más de 150 muertes sospechosas, entre ellas la de 12 médicos (totalizados hasta el 4/9), que han estado en la primera línea de batalla.

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Nada más para controlar las cifras altas de la presión arterial (hipertensión), se deben disponer de Bs 341 mil a cinco millones de bolívares para adquirir el Losartán Potásico.

“Yo por lo menos tengo año y medio que no tomo pastillas porque no tengo dinero. No recibo pensión ni por Amor Mayor. No logré cotizar por completo las semanas que pide el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). Me entregué a morir por no tomar los medicamentos”, expresó con resignación Yamili Sosa, de 65 años, quien padece de hipertensión arterial.

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Sosa no recuerda el precio de la última vez que compró el Atenolol de 50 mg, pero lo que no borra de la mente es que ahora 10 pastillas cuestan “un dineral” y en su caso necesita por lo menos 30, para cubrir el tratamiento de una dosis diaria por cada mes.

“Tengo un hermano que se fue para Chile y es quien me manda para mantenerme, pero eso no me alcanza para mis medicinas”.

Al consultársele si sentía temor a morir, por su estado de vulnerabilidad ante el Covid-19, con serenidad la sexagenaria respondió: “No le temo a nada ni a nadie, porque Jehová es mi pastor y nada me faltará. Por la fe es que estoy viviendo los últimos años de mi vida, porque el país está como un barco a la deriva, no hay gobierno”.

Consecuencias

En similares condiciones se encuentra la también sexagenaria Marisela Malavé, residente del sector Buenos Aires de Barcelona, ante la imposibilidad de controlar las crisis hipertensivas que suelen darle con frecuencia por no tener los recursos para la adquisición de sus medicinas.

Recordó que hace dos meses, aproximadamente, sufrió una parálisis facial, que no descarta que haya sido a consecuencia de la ausencia de un tratamiento.

“Me dio fue por falta de medicamentos, porque no fue por rabia. Tengo más de 10 años siendo hipertensa y en lo que va de año no he podido tomar bien mis medicinas. Vivo, con mi esposo, del alquiler de unas habitaciones y eso apenas alcanza para comer. Aún no he podido ni siquiera hacerme la tomografía que me mandaron tras darme el ACV (Accidente Cerebro-Vascular). Ni el protector gástrico tomo, que es algo primordial”.

Señaló que entre los cinco tipos de pastillas que debe consumir, nada más la caja de 30 píldoras de Asaprol, un antiagregante plaquetario en la prevención primaria y secundaria de enfermedades cardiovasculares de origen trombótico, como lo señala el portal web tumedico.com, lo habría conseguido en $7.

Nota completa de La Nación aquí

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