La patilla: Madres venezolanas celebran su día haciendo “malabares” para sostener sus hogares

Salir un día a buscar comida no es nada fácil, algunas son el sostén de sus casas ante el abandono de sus parejas y deben luchar por sus hijos en una nación donde conseguir tan solo harina de maíz resulta una tortura.

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Foto de archivo ilustrativa de una mujer ondeando una bandera venezolana en una procesión religiosa en Caracas en medio del brote de coronavirus. Abril 8, 2020. REUTERS/Manaure Quintero
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Lo que debería ser un día festivo para las madres venezolanas se ha convertido durante los últimos años en un verdadero dolor de cabeza, la crisis económica, social y cultural provocada por el régimen chavista ha hecho que muchas de ellas deban hacer milagros para sostener de alguna forma sus hogares.

Salir un día a buscar comida no es nada fácil, algunas son el sostén de sus casas ante el abandono de sus parejas y deben luchar por sus hijos en una nación donde conseguir tan solo harina de maíz resulta una tortura.

“Salir a comprar algo aquí en el país es casi que imposible si no tienes dólares, a veces les tengo que dar arepitas solas a mis hijos, yo soy una mujer guerrera y no le pido nada a nadie, pero no puedo negar que la estamos pasando mal por esta situación”, relató la señora Agustina Pérez, quien aclara de forma tajante que nunca fue seguidora del régimen de Maduro.

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Cada segundo domingo la tradición venezolana llevaba a todos sus ciudadanos a preparar sus mejores regalos, hacer un festín o tan solo reunirse a echar cuentos, era un momento sagrado que la familia entera disfrutaba con amor.

Desde hace varios años todo esto cambió, y el exilio pasó hacer el gran protagonista, siendo a través de una pantalla la única forma de abrazar de forma imaginaria a sus seres más queridos.

“La única forma que tengo de saber de mi mamá es por videollamada, este gobierno nos obligó a buscar una mejor vida, yo le dejé a mi hijo a mi mamá para poder ayudarlos, no es justo que sigamos padeciendo esta situación”, agregó Valentina Quintero desde España.

El dolor, las lágrimas y el acostumbrarse “al algún día toda esta historia acabará” figuran en las conversaciones de los que todavía aún suelen reunirse, deseando regresar a esos días en donde las discusiones eran tal vez el elegir que ingrediente de la mesa dejar fuera para satisfacer una tarde formidable.

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