Familias con dos ingresos mínimos legales pudieron comprar 38% de la canasta alimentaria en marzo

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Poder adquisitivo sigue por el piso

El Gobierno sigue sin poder parar la caída en el poder adquisitivo, que muerde más duro a los pobres. La Canasta Alimentaria Familiar (CAF) en marzo llegó a costar Bs 772.614,30, según estimaciones del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).

El monto equivale a 19 sueldos mínimos, a pesar de que la canasta está diseñada para incluir todos los productos alimenticios esenciales para una familia promedio de cinco miembros. Si se asume que solo dos de estos trabajan y cobran el salario menor permitido, al final de marzo esa familia tuvo un ingreso mínimo legal total de Bs 297.276 (incluye los respectivos bonos). Este monto apenas es 38,48% del total de la CAF.

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Es poco lo que ayuda contar con el subsidio de la Tarjeta de Misiones Socialistas (Bs 50.000 mensuales por familia). En ese caso, el ingreso doméstico se eleva 347.276, 0 44,94% de la canasta.

Esta familia pudo haber completado en sus compras, por ejemplo, los rubros de leche, quesos y huevos (Bs 144.037,74); aceite y margarina (Bs 23.490,23); y carne y pollo (Bs 127.349,08), más un kilo de café (Bs 14.900). Pero para eso tuvo que haber dejado por fuera todo lo demás, incluyendo pan, pastas, harina, azúcar, sal, frutas, verduras, tubérculos y pescado (en época de Semana Santa, de paso).

Como es casi seguro que a lo largo de abril la inflación de alimentos se mantuvo, será menos lo que esta familia adquirir de forma acumulada a fin de mes, comparado con marzo. Descifrado ya verificó que en las últimas semanas los huevos y la carne, por ejemplo, se consiguen en precios nuevos.

Es una tradición que el Gobierno decrete un aumento salarial que coincida con las celebraciones del Día del Trabajador, el 1 de mayo. Sin embargo, todo indica que el ajuste por debajo de la producción, aunado al gasto público excesivo y la impresión de dinero inorgánico, contribuirá más bien a la merma del poder adquisitivo. Por eso cada vez son menos quienes gritan «¡Así es que se gobierna!».

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