Tras 21 horas de intensas negociaciones cara a cara, Irán y Estados Unidos concluyeron su encuentro en la capital de Pakistán sin alcanzar un acuerdo definitivo. La delegación iraní advirtió que la situación de bloqueo en el Estrecho de Ormuz —punto vital por donde transita el 20% del petróleo mundial— no cambiará hasta que la Casa Blanca acepte términos «razonables», desafiando los anuncios previos de reapertura realizados por el presidente Donald Trump.
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A pesar de ser el contacto de mayor nivel entre ambas naciones desde 1979, el encuentro entre el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, y la delegación iraní se estancó en «dos o tres cuestiones fundamentales».
- La postura de EE. UU.: Vance abandonó Islamabad con una «oferta final» de entendimiento, señalando que el principal escollo es la negativa de Irán a comprometerse formalmente a no buscar armas nucleares a largo plazo.
- La postura de Irán: El portavoz de la cancillería, Ismail Bagaei, calificó las exigencias estadounidenses como «peticiones ilegales» y «demandas excesivas», insistiendo en que Washington debe actuar con realismo y respetar los derechos de Teherán.
El Estrecho de Ormuz: el tablero de la discordia
Aunque el pasado miércoles se había acordado un alto el fuego de dos semanas que incluía la reapertura de la vía marítima, Irán ha condicionado este paso al éxito de la diplomacia:
- Bloqueo Persistente: Irán asegura que las restricciones impuestas desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero se mantendrán.
- Guerra de Minas: Mientras el presidente Trump afirmaba este sábado que ya había iniciado un «proceso de limpieza» de minas para reabrir el estrecho, la fuente iraní consultada por la agencia Mehr fue tajante: «Irán no tiene prisa y la situación no cambiará sin un acuerdo».
- Protocolo de Seguridad: Teherán busca imponer su propio protocolo de control sobre el estrecho como parte de cualquier pacto de paz.
La falta de una fecha o lugar para una próxima ronda de conversaciones deja en el aire el cumplimiento del alto el fuego temporal. El Ministerio de Exteriores iraní reconoció «entendimientos» en temas menores, pero el abismo en las cuestiones de seguridad nacional y capacidad nuclear mantiene el riesgo de una escalada en la región.
El Estrecho de Ormuz sigue siendo, por tanto, el epicentro de una crisis energética global que Washington y Tel Aviv intentan destrabar, pero que Teherán utiliza como su mayor herramienta de presión geopolítica.
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