El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) informó este miércoles que la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) correspondiente al mes de mayo de 2026 se ubicó en Bs. 401.826,98, lo que equivale a 772,74 dólares.
El Cendas apunta que si se suman gastos esenciales en agua potable, el costo de la canasta asciende aún más ubicándose en $785,05.
El fin del salario mínimo legal
Los datos de mayo de 2026 confirman una realidad económica devastadora: la pulverización absoluta del salario mínimo legal como unidad de medida.
A pesar de que el costo de la vida continúa su ascenso acelerado, el salario mínimo mensual en Venezuela permanece congelado en Bs. 130 desde marzo de 2022. Al tipo de cambio de Bs. 520,00 por dólar, este ingreso equivale a apenas 0,25 dólares mensuales, en ese sentido, su cobertura es casi inexistente, de 0,03%.
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Puntos destacables del informe:
• Variaciones: en bolívares: 14,6% mensual; 699,6% anual. En dólares: 5,8% mensual; 53,8% anual.
• Poder adquisitivo nulo: un trabajador requiere hoy más de 3.090 salarios mínimos para costear la alimentación de su familia o, en su defecto, 3,21 bonos de $240.
• Dólar al alza: la moneda nacional continúa devaluándose, situándose en un promedio de Bs. 520,00 por cada dólar estadounidense, en mayo.
• Inseguridad Alimentaria: la brecha entre el ingreso legal y el costo de los alimentos se ha convertido en una barrera infranqueable para la mayoría de los hogares, profundizando la crisis humanitaria.
• Caída libre del valor real: lo más alarmante de esta actualización es que el salario base en divisas se depreció de $0,29 a $0,25, acentuando la marginalidad extrema, advierte la institución.
• El peso del agua: se incluye el agua potable como un rubro crítico ($12,31), elevando el costo total a $785,05, reflejando el colapso de los servicios públicos.
El director del Cendas-FVM, Oscar Meza, enfatiza que esta situación obliga a las familias a depender de bonificaciones discrecionales, trabajo informal y remesas, ante la inexistencia de una política salarial que responda a la hiperinflación y a la carestía de la vida en divisas.
Incluso, los trabajadores formales, tanto en el sector público como en el privado, deben complementar sus ingresos realizando otras actividades.
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