En los pasillos de Wall Street, el nombre de Venezuela ha dejado de ser un tabú.
Los inversores hablan cada vez más sobre el país y destacan los tímidos avances que se evidencian en la República Bolivariana.
Según “The Wall Street Journal”, Venezuela empieza a despertar el interés de todo tipo de inversionistas.
Desde fondos de cobertura especializados hasta buscadores de valor en mercados fronterizos quieren apostarle a los bonos y activos del país caribeño.
La hipótesis es simple: el riesgo de pérdida ya está «en el precio», pero el potencial de recuperación ante una normalización total es masivo.
Entre el «default» y el «recovery value»
Tras años de parálisis en el mercado secundario, la deuda soberana de Venezuela y de su estatal Pdvsa ha comenzado a mostrar signos de vida.
Los inversores que entraron temprano, comprando papeles por menos de un dólar, le apuestan a una posible reestructuración de la deuda venezolana.
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Venezuela hoy está en “default”. Sin embargo, esa condición podría cambiar pronto con la renegociación.
Lo que hace pensar en ese escenario es la remoción de Delcy Rodríguez, presidente en funciones de Venezuela, de la lista de sancionados del Departamento del Tesoro.
Aunque los bonos se transan hoy en día a niveles de liquidación, cualquier acuerdo que reconozca un valor de recuperación (“recovery value”) superior al 25% o 30% representaría una rentabilidad de tres dígitos para quienes compraron en la base.
Petróleo como «garantía»
El optimismo de los inversores no nace en el vacío, sino que se apoya en la realidad operativa de la industria petrolera venezolana.
Aunque el país no alcanza las cuotas de producción que tuvo en el pasado, la flexibilización o anulación de sanciones, el cambio del marco legal vigente y la entrada de capital extranjero han mejorado sus números.
Según datos recientes, Venezuela aumentó sus exportaciones de crudo hacia Estados Unidos en 46%. Ello ha llevado a gigantes como Shell a voltear hacia la República Bolivariana, con el ánimo de expandir sus huellas operativas.
Como bien señala “The Wall Street Journal”, los inversores «tempranos» están operando bajo la premisa de que Venezuela es ahora una pieza indispensable en el rompecabezas de la seguridad energética de los Estados Unidos.
Para el inversor de deuda, cada barril que sale de la Faja Petrolífera del Orinoco hacia las refinerías de la costa del Golfo de México es una garantía de flujo de caja para un futuro servicio de deuda.
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