América Latina se ha consolidado como el tablero principal de la competencia por los recursos del futuro, como son los minerales críticos. En este contexto, la relación entre el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y la administración de Donald Trump, ha pasado del tutelaje petrolero a una alianza de alto nivel. El objetivo: asegurar el suministro y reducir la dependencia de las cadenas de suministro controladas por China.
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Tras la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos celebrada en febrero en Washington, donde participaron 54 países, Estados Unidos ha acelerado la firma de marcos bilaterales con naciones de la región. Aunque Venezuela no figuró en la lista inicial de 11 memorandos (que incluyó a Argentina y Paraguay), la visita a Caracas del secretario del Interior, Doug Burgum, a principios de marzo de 2026, marcó el inicio formal de la integración venezolana a esta red.
El potencial de minerales en Venezuela bajo la lupa
Washington ha identificado a Venezuela como un actor estratégico no solo por sus reservas de crudo, sino por su inventario de minerales esenciales para la industria tecnológica y militar:
- Níquel y Manganeso: Indispensables para la fabricación de baterías de nueva generación.
- Bauxita y Cobre: Vitales para la infraestructura eléctrica y el sector aluminio.
- Antimonio: De alto valor estratégico militar (aleaciones y retardantes de fuego).
- Tierras Raras y Coltán: Componentes críticos para la electrónica avanzada y la defensa.
- Oro: Con reservas estimadas en 644 toneladas solo en la región de Guayana.
[Image showing a geological map of Venezuela’s Mining Arc and its strategic minerals]
Reforma de la Ley de Minas: El modelo petrolero
Para viabilizar la entrada de gigantes como Peabody Energy y Glencore, la presidenta Delcy Rodríguez anunció una reforma inminente a la Ley de Minas.
«Incorporaremos los modelos exitosos de la Ley de Hidrocarburos», señaló Rodríguez tras su encuentro con Burgum.
Esta modificación legal busca replicar las condiciones de apertura que ya permiten a empresas estadounidenses operar en el sector petrolero, garantizando seguridad jurídica y condiciones de mercado atractivas para la inversión extranjera bajo supervisión de Washington.
La estrategia estadounidense responde a la vulnerabilidad detectada tras los bloqueos de exportación impuestos por Pekín en respuesta a los aranceles de Trump. El enfoque de la administración actual en Caracas se divide en tres fases: estabilización, recuperación y transición hacia la prosperidad, asegurando que los ingresos mineros fluyan a través de canales formales y empresas alineadas con los intereses del hemisferio, desplazando la influencia de grupos ilícitos y actores extra-regionales.
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