Aun con sus carencias y debilidades, la industria petrolera venezolana podría culminar 2026 con una producción estimada de 1.3 millones de barriles de crudo por día.
La proyección, compartida por el economista Alejandro Grisanti, sería el resultado de la tímida apertura que se vive en Venezuela, desde enero de este año.
La modificación parcial a la Ley Orgánica de Hidrocarburos ha abierto nuevas puertas. Lo mismo ha sucedido luego de la emisión de licencias especiales por parte de Estados Unidos.
Ambas acciones han facilitado que socios internacionales se acerquen a la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), con el ánimo de participar en las actividades extractivas.
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Así, la licencia otorgada a Chevron ha servido como catalizador, permitiendo que campos maduros, en el occidente del país y proyectos en la Faja del Orinoco, recuperen niveles de eficiencia.
Con tal realidad como telón de fondo, queda en evidencia que el papel de los socios internacionales ha pasado de ser meramente financiero a ser operativamente determinante.
Ciertas condiciones aplican
De acuerdo con Alejandro Grisanti, la meta de los 1.3 millones de barriles de petróleo al día puede ser alcanzable, siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones esenciales.
El economista explicó que el logro del objetivo está intrínsecamente ligado a la continuidad de las licencias generales y específicas emitidas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés).
Por otro lado, también se hará necesaria la incursión, en Venezuela, de compañías de otras latitudes. Para Grisanti, no basta que gigantes como Chevron tengan participación en la extracción de crudo.
El experto recordó que empresas como Repsol y Eni, que han logrado negociar esquemas de pago de deuda mediante crudo, también podrían inyectarle dinamismo a la producción venezolana.
Por otro lado, será esencial la inversión, no sólo en refinerías, sino en el mantenimiento de los pozos ya existentes. De ese modo se evitaría la declinación natural de los yacimientos y, con ello, la necesidad de efectuar nuevas perforaciones.
La industria petrolera venezolana requiere una inversión anual de más de 5.000 millones de dólares, sólo para mantener la infraestructura de superficie, las estaciones de flujo y los mejoradores.
Sin luz no hay producción
El optimismo en las cifras empieza a palidecer cuando se consideran los obstáculos estructurales.
Uno de ellos se relaciona, sin duda, con la precaria capacidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
De acuerdo con especialistas como Alejandro Grisanti, ese sigue siendo el principal factor de riesgo para las operaciones en suelo venezolano.
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En Zulia, una de las regiones con más petróleo en su subsuelo, el fluido eléctrico no es continuo. Lo mismo aplica para entidades como Anzoátegui y Monagas.
En esas regiones, la disponibilidad de taladros de perforación activos sigue estando por debajo del promedio histórico necesario para un salto de producción como el estimado.
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