La nueva variante del coronavirus que ha hecho contener la respiración al planeta se llama B.1.1.529, bautizada como Ómicron por la Organización Mundial de la Salud (OMS), publica ABC.
Aún es pronto para afirmar con certeza si será capaz de sortear la eficacia de las vacunas o la protección que confiere haber pasado la enfermedad, o de si será más letal y contagiosa.
La OMS, reunida de urgencia el viernes, sí piensa que hay motivos para inquietarse y la calificó como una «variante de preocupación», lo que significa que podría provocar un aumento de la transmisión del virus, ser más agresiva y reducir la eficacia de las vacunas, las terapias y los sistemas de diagnóstico.
la Organización Mundial de la Salud advierte que hay «un mayor riesgo de reinfección», lo que nos situaría en la casilla de salida de la infección.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, solicitó a los fabricantes de vacunas que adapten cuanto antes sus productos a la variante recién descubierta en África y que ya llegó a Europa, concretamente a Bélgica.
El fabricante alemán BioNTech que ha desarrollado con Pfizer una de las vacunas más eficaces inició ya investigaciones sobre la variante Ómicron y confía en que el proceso de adaptación se prolongue durante seis semanas.
«Podemos entender las preocupaciones de los expertos», dijo un portavoz de la empresa sobre la gravedad de la variante, que difiere significativamente de las formas del coronavirus aparecidas hasta ahora.
La peligrosa variante fue primeramente detectada en Botswana, Hong Kong, Israel y Sudáfrica, donde su capacidad de contagio ha sido percibida como superior a la de la variante Delta.
Según el virólogo jefe de la Charité de Berlín, Christian Drosten, en contacto permanente con el equipo científico de BionTech, aún quedan sin embargo muchas preguntas sin respuesta a la hora de evaluar esta variante y no está claro si es realmente más contagiosa o si algún otro factor está detrás de la propagación observada hasta ahora.
«Actualmente no hay evidencia de un cambio en la gravedad de la enfermedad», ha asegurado Drosten, que sin embargo admite que los cambios en el genoma del patógeno indican que la variante del virus podría evadir el sistema inmunológico.
«Los cambios en el genoma por sí solos no son suficientes para hablar de una situación preocupante», insistió.
«Pero debe quedar claro que el virus se está propagando más rápido o tiene otras propiedades que predicen un curso más severo de la enfermedad. La evaluación de la variante no se ha completado y en dos semanas podremos ofrecer información más fidedigna», confía.
La alerta la dio el jueves el Instituto Sudafricano de Enfermedades Infecciosas al descubrir los primeros 22 casos de la nueva variante en Sudáfrica. Ahora se cuenta un centenar y se esperan más casos en el curso de los análisis genómicos en curso.
Drosten recuerda que en Sudáfrica hubo una gran ola de la variante Delta el pasado invierno y es probable que el final de la ola haya sido causado por la inmunidad de la población.
«Dado que la incidencia de infecciones se ha reducido en gran medida, es concebible que los nuevos brotes puedan parecer demasiado grandes en ese contexto y que esto difícilmente se notará en otros países donde hay un nivel actual de infección más alto», agregó.
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