Proponen crear un impuesto para farmacéuticas y firmas tecnológicas «para evitar el enriquecimiento oportunista»

Pero no todos apoyan el impuesto extraordinario. "Ese tipo de idea es ridícula", sostiene Chris Edwards, director de Estudios Tributarios del Cato Institute, en Washington, D.C.

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Proponen crear un impuesto para farmacéuticas y firmas tecnológicas
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El Banco Mundial estima una recesión económica global de 2,5% a finales del año 2020 como consecuencia de la crisis del covid-19. Algunos expertos argumentan que se requieren soluciones excepcionales, como, por ejemplo, la creación de un «impuesto a las ganancias extraordinarias» de las empresas.

Por BBC Mundo

Básicamente, este impuesto -uno de los muchos que se han sugerido en estos meses- apunta a que todas aquellas empresas que han aumentado sus ganancias durante el período de la pandemia, paguen más impuestos.

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¿Qué empresas?: las grandes farmacéuticas y las firmas tecnológicas, entre muchas otras compañías, cuya rentabilidad se ha disparado desde que el coronavirus se propagó por el mundo.

«Es hora de revivir el impuesto a las ganancias extraordinarias en tiempos de guerra para evitar el enriquecimiento oportunista«, argumenta Reuven Avi-Yonah, profesor de Derecho y director del Programa Internacional de Impuestos de la Universidad de Michigan.

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«Es inadmisible que algunas corporaciones se beneficien. La mayoría está perdiendo por la pandemia y todos nosotros, los contribuyentes, estamos gastando dinero para ayudar a la gente que más lo necesita», le explica a BBC Mundo.

El objetivo, indican, es que el gigantesco costo económico de la pandemia sea un esfuerzo compartido.

Hasta ahora, gobiernos y bancos centrales han inyectado miles de millones de dólares para reactivar el consumo, responder a la falta de respiradores y camas, ayudar a las familias más vulnerables, a los desempleados y a las empresas afectadas por la paralización de la actividad económica.

Y una parte importante del gasto fiscal ha sido financiado con deuda que podría llegar a convertirse en una bomba de tiempo.

La gran duda es qué va a pasar cuando se acaben los subsidios de emergencia y no existan nuevos puestos de trabajo, dónde vivirá la gente que no puede pagar el arriendo o la hipoteca de su casa, o qué harán las personas con la despensa vacía.

«Una idea ridícula»

Pero no todos apoyan el impuesto extraordinario.

«Ese tipo de idea es ridícula», sostiene Chris Edwards, director de Estudios Tributarios del Cato Institute, en Washington, D.C., en diálogo con BBC Mundo.

El problema en una situación como la actual, dice, no es el exceso de ganancias, sino la escasez de ganancias en millones de pequeñas y grandes empresas, que debido a la crisis están despidiendo personas y reduciendo la inversión.

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Según él, «subir impuestos durante una recesión no tiene sentido», ni desde una perspectiva conservadora, ni desde una liberal-keynesiana.

Al final, argumenta, todos los impuestos corporativos recaen de alguna manera sobre las personas, ya sea como accionistas, trabajadores o consumidores.

Si en este contexto de pandemia un gobierno quiere aumentar los ingresos fiscales, agrega, es más simple y transparente hacerlo directamente con las personas -y preferiblemente eliminando complejas deducciones y créditos-, no aumentando las tasas, advierte.

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