Venezuela en 2017: 12 meses de viacrucis económico

Los venezolanos estamos a punto de cerrar un año donde padecimos los efectos más devastadores del fracaso del modelo revolucionario chavista

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El año 2017 comenzó con lento movimiento en el plano económico. La escasez de billetes seguía complicando las transacciones y colocando nuevas trabas al sistema de pagos. El Banco Central de Venezuela respondió a través de la presentación del nuevo cono monetario, grupo de nuevas billetes que tendrían como objetivo sustituir a la familia ya existente. Una de las necesidades más urgentes era suplir el billete de Bs 100, que el Gobierno había sacado de circulación por unos días en el mes de diciembre, pero que luego tuvo que renovar su vigencia ante la reacción negativa de los ciudadanos.

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En materia de abastecimiento, el inicio de año se caracterizó por una baja oferta de productos de la cesta básica, generando una mayor preocupación entre los consumidores y tensión en los comerciantes. El efecto de la insuficiencia presupuestaria y de divisas fue especialmente grave en el sector salud. Durante 2017 no cesaron las peticiones en redes sociales, medios tradicionales y plataformas de telefonía celular de fármacos para solucionar emergencias médicas.

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Los productos más elementales del rubro higiene, pasta dental, desodorante, champú, toalla sanitarias además de escasear llegaron a tener precios muy altos. Además el mercado fue inundado de productos de desconocida procedencia importados a dólar libre por comerciante que se ofrecieron especialmente en el centro de Caracas. Otro producto que fue marcador en el mercado de alimentos fue el cartón de huevos, cuyo precio llegó a aumentar hasta semanalmente, superando los Bs.200 mil para el cierre del año. En el primer semestre del año también se evidenció la escasez de combustible, debido a la imposibilidad de la petrolera estatal de abastecer el mercado interno. Factores gubernamentales señalaron que las actividades de contrabando de extracción de gasolina acentuaron las dificultades. A partir del mes de abril la realidad económica pasó a un segundo plano al fortalecerse los episodios de confrontación política en las calle. Saqueos, cierre de empresas y mayores trabas para la distribución de alimentos fueron tendencia de abril a julio. Como solución ante el reclamo de la sequía de divisas por parte de diferentes sectores productivos y con la promesa de ponerle freno al incremento constante del dólar no oficial, el Ejecutivo Nacional y el máximo ente emisor anunciaron la implementación de un sistema de subastas programadas que semanalmente fijaran el tipo de cambio complementario, llamado Dicom. Durante un poco más de tres meses las subastas se realizaron y los resultados de las mismas fueron informados oportunamente.

billete de 100 mil
AFP / FEDERICO PARRA

Las adjudicaciones no fueron suficientes para atender la demanda del sistema productivo. Según el registro del ente emisor los mayores montos fueron asignados a los sectores agroalimentario, farmacéutico y de telecomunicaciones, con adjudicaciones entre 1.200.000 y 1.600.000 dólares asignados. Aguas abajo la realidad se mostraba radicalmente en las calles, anaqueles vacíos, largas colas en torno a supermercados y abastos, gente hurgando en los restos de la basura, fueron convirtiéndose en parte del panorama diario del país. Especial atención de las autoridades captó el tema de las panaderías. La Superintendencia de Precios Justos realizó operativos especiales a nivel nacional, pero el producto siguió estando en escaso. Las dificultades para obtener el trigo en el mercado internacional, no permitieron que los inventarios se restablecieran. Para el mes de mayo el Ejecutivo Nacional anunció un nuevo aumento del salario mínimo, y del cesta ticket, además de la creación de un bono de guerra económica para pensionados y jubilados. En todo el año se dieron cinco aumentos salariales, siendo el último el autorizado el 01 de noviembre. Según Consecomercio el 90% de los recursos fueron utilizados para comprar comida En la segunda mitad del año se intensificó la escasez de efectivo y las maniobras del gobierno para buscar dinero fresco en los mercados internacionales como consecuencia de la falta de seguridad y la persistencia de los obstáculos económicos varías líneas aéreas cesaron sus operaciones desde y hacia Venezuela. El escenario internacional se fue alineando a partir de agosto para la implementación de una serie de sanciones por parte de los Estados Unidos de América hacia la deuda venezolana y funcionarios locales. En el último cuatrimestre del año persistió y se agravó la escasez de efectivo. Bancos comenzaron a limitar los retiros en taquilla por no disponer de suficientes billetes. El Gobierno informó sobre nuevas disposiciones para aumentar el uso de las transacciones electrónicas, entre las que se cuentan la rebaja de puntos del IVA.

REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

Al suspender las subastas del Dicom, el Ejeuctivo anunció que implementaría un nuevo mecanismo que contemplará una canasta de monedas integrada por yuanes, rublos, rupias y euros. Paralelamente deciden dejar de cotizar la cesta petrolera nacional en dólares. Meses después 572.387 usuarios registrados, 5.857 persona jurídicas y 526.540 personas naturales aún esperan conocer si se concretará la reactivación de las subastas del sistema de Tipo de Cambio de Divisas Complementarias (Dicom), la séptima plataforma de este tipo que pone en funcionamiento el Ejecutivo desde el 2003 cuando se implementó la Comisión de Administración de Divisas Cadivi. Las asignaciones de la última subasta nunca fueron otorgadas. Luego de la suspensión, la sequía de divisas se hizo sentir en el país con mayor fuerza. La escasez por reducción de importaciones fue el incentivo para aumento en todos los rubros y servicios. Los precios de los alimentos más demandados como la carne, el pollo, el queso, la leche experimentaron ajustes constantes en sus precios. Igualmente se permitió el incremento de los servicios de telefonía celular y transporte. No hubo respuesta inmediata del gobierno más allá del nombramiento de Ramón Lobo como nuevo presidente del Banco Central, luego de ejercer la cartera de Finanzas y en sustitución de Ricardo Sanguino. Ya en la recta final de año se presentó el billete de 100 mil como nuevo integrante del cono monetario, reconociendo así la pérdida del poder adquisitivo del bolívar.

AFP PHOTO / FEDERICO PARRA / AFP / FEDERICO PARRA

Economistas, empresarios y hasta diputados de la comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional comenzaron a hablar formalmente de hiperinflación. Ante la escasez de recursos, la caída en las reservas internacionales y los compromisos del servicio de la deuda externa, el presidente de la República anuncia la posible reestructuración o renegociación de la deuda soberana y de Pdvsa. Esta noticia generó diferentes reacciones en los mercados. El fantasma del default se hizo presente especialmente al registrarse impago de los cupones de papeles nacionales. Las calificadoras de riesgo otorgaron notas negativas a la deuda, generando mayor desconfianza entre los tenedores. El Ejecutivo Nacional insistió en que las sanciones y la guerra económica internacional no permitieron reconocer a los mercados que Venezuela siempre ha cumplido con sus compromisos. Ante estas circunstancias el Gobierno maniobró en los mercados internacionales y logró renegociar la deuda contraída con Rusia de 3 mil millones de dólares, para lograr algo de alivio financiero. Además, la Corporación Andina de Fomento, autorizó una línea de liquidez de 400 millones de dólares al Banco Central de Venezuela, a fin de evitar mayores desequilibrios macroeconómicos. Ante la intensificación de la devaluación del Bolívar en el último mes del año, el Presidente de la República, lanzó la criptomoneda llamada “Petro”, respaldada por las reservas de oro, diamante, petróleo. Con esta iniciativa aseguran que en el2018 se logrará superar el bloqueo financiero.

Hasta comunidades populares que hacen vida en el 23 de enero, se inventaron su propia moneda El Panal, para combatir la depreciación del signo monetario. Como antesala al cierre del año también Pdvsa volvió a ser noticia y ya no por el retraso en los pagos de la deuda suscrita por la estatal. El Fiscal General de la República, Tarek William Saab, inició investigaciones sobre corrupción que terminaron llevando a prisión a un grupo de empresarios y directivos de la petrolera, destacándose el caso del expresidente del holding, Eulogio Del Pino y al exministro de Petróleo, Nelson Martínez el pasado 30 de noviembre. Más tarde se anunciaría la detención de Diego Salazar, primo del ex hombre poderoso de Pdvsa, Rafael Ramírez, al vincularlo con el desfalco de casi cinco mil millones de dólares a través de la banca privada de Andorra. Los precios del petróleo, la caída de la producción, la escasez de combustible en los estados fronterizos, quedaron fueron opacados por la magnitud del escándalo de la petrolera. Paralelo a estas acciones continuaron las ofertas proselitistas del Gobierno especialmente mediante los Comités locales de abastecimiento y producción (Clap), mecanismo que incluso en 2018 buscará atar la voluntad electoral de los ciudadanos a la entrega de alimentos con miras a las elecciones presidenciales. La Superintendencia de Precios Justos, realizó operativos para obligar a los comerciantes a rebajar sus precios, bajo la premisa de permitir que los venezolanos tuvieran una Navidad feliz, mientras que la ANC aprobaba la Ley de Unidad Tributaria Sancionatoria, la cual augura mayor represión económica para el 2018.

Y así concluye 2017 en un escenario hiperinflacionario, con mermadas fuentes de ingreso para la República que atraviesa una profunda crisis política. Ciudadanos cuyo poder de comprar se redujo al mínimo y en ocasiones tuvieron que buscar el alimento en la basura. Empresarios que cerraron sus puertas como única opción ante la quiebra inminente. Así como emprendedores y transnacionales consolidadas que decidieron apostar por la recuperación de un país mediante el esfuerzo de poner énfasis en lo positivo.

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