Seis diputados oficialistas han abandonado la AN para incorporarse al gabinete ejecutivo

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Maduro ha incorporado a su equipo a cinco gobernadores

¿Qué aparecía en cualquier afiche de campaña para las parlamentarias del 6 de diciembre de 2015? El rostro del candidato, desde luego. Cada nominado tuvo la misión de persuadir al electorado de ser la mejor opción para representarlo en el hemiciclo de sesiones. El parlamento tiene su etimología en el francés «parle», que significa «hablar». Los diputados son electos para ser la voz de sus electores. Y dice una viejo refrán político que la voz del pueblo es la voz de Dios.

Pero para el chavismo, con su afán de rotar cargos constantemente, nada de lo anterior parece ser relevante. Un día antes de que la Asamblea Nacional actual cumpliera un año, el presidente Nicolás Maduro designó a cuatro legisladores del autodenominado «Bloque de la Patria» para que sean sus ministros. Se trata de Elías Jaua (electo por Miranda), nuevo titular de la cartera de Eduación; Ramón Lobo (Mérida), en Economía; Francisco Torrealba (Portuguesa), en Trabajo; y Hugbel Roa (Trujillo), en Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología.

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No son los primeros. El año pasado Ricardo Molina y Carmen Teresa Meléndez también abandonaron sus curules para ser ministros de Transporte y Obras Públicas y del Despacho de la Presidencia, respectivamente.

El propio Maduro no ha ocultado el desdén del chavismo hacia la AN implícito en estas designaciones. «Me van a agradecer que los sacara de ahí», ha dicho sobre los ungidos. Tiene sentido, si se considera la poca afinidad del oficialismo hacia el debate de ideas (y mucho menos cuando es minoría), fundamento de los parlamentos democráticos en los que cada diputado es igual. En cambio, a la cabeza de un ministerio pueden aplicar la lógica militar, vertical, que tanto gustaba a su «comandante eterno». ¿Para qué debatir cuando se puede dar órdenes?

De las regiones pa’ Caracas

Algo parecido a ocurrido con las gobiernos regionales en manos del PSUV. Desde el año pasado Maduro ha a incorporado a sus gabinete a cinco gobernadores. Primero fueron Aristóbulo Istúriz de Anzoátegui y Wilmar Castro Soteldo, nombrados vicepresidente de la República y ministro de Agricultura y Tierras, respectivamente. Siguió Érika Farías, de Cojedes, a quien Maduro puso a cargo del Ministerio de Comunas.

Ayer el jefe de Estado llamó desde Barinas a Adán Chávez para que ocupe el Ministerio de Cultura, y a Tareck El Aissami de Aragua para que sea el nuevo vicepresidente (Istútiz pasó a Comunas y, a su vez, Farías a Agricultura Urbana; eterno juego de las sillas musicales al ritmo de «Patria querida»). Cabe acotar que en estos dos casos no necesariamente hubiera habido abandono de gobernaciones si las elecciones regionales se hubieran realizado el año pasado, como manda a la Constitución.

De todas formas, estos cinco estados se han quedado con gobernadores que no eligieron, realidad que no parece perturbar mucho al chavismo, como demuestran los alcaldes de Voluntad Popular destituidos y reemplazados por militantes del PSUV. Para colmo, todavía no hay un calendario electoral formal con comicios para renovar las gobernaciones. El período de los designados a dedo es indefinido.

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