Aunque su cohete, el Starship, es fundamental para la misión Artemis, el próximo aterrizaje de SpaceX no será en la Luna.
La compañía, propiedad del multimillonario Elon Musk, se prepara para efectuar una Oferta Pública Inicial (IPO, por sus siglas en inglés).
Si se cumplen los plazos previstos, la empresa podría cotizar en Wall Street en junio de este mismo año.
La oferta de salida podría implicar la venta pública de 75.000 millones de dólares en acciones.
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De concretarse, la IPO de SpaceX superaría, con creces, a la lanzada por Saudi Aramco en 2019.
Aquel año, la petrolera estatal saudita se inauguró en el corro neoyorquino con la venta de 29.000 millones de dólares en acciones.
Con un valor estimado de 1,75 billones de dólares SpaceX pasaría a ser la sexta empresa más grande del índice S&P 500.
Starlink: El verdadero flujo de caja
Para los analistas de Goldman Sachs y Morgan Stanley, la verdadera joya de esta IPO no es el imponente cohete Starship.
Todo indica que SpaceX busca apalancarse en Starlink, su división de internet satelital.
Esa plataforma cuenta con una base de suscriptores que supera los niveles críticos de rentabilidad.
Por ende, Starlink es el departamento de SpaceX que realmente garantiza flujo de caja.
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Elon Musk pretende usar esa unidad de negocio como la miel que atraería al oso.
Así, Satarlink permitiría subvencionar los costosos proyectos que adelanta SpaceX en materia aeroespacial.
En resumidas cuentas, la salida a la bolsa buscaría captar capital para acelerar la construcción de la flota de Starships, necesaria para cumplir con el cronograma de la NASA hacia la Luna.
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