En un país donde paradójicamente aumentan las exportaciones petroleras, desafía toda lógica que el tipo de cambio oficial se deprecie de forma constante. El Banco Central de Venezuela (BCV) ha creado un laberinto insostenible con una «trilogía» de tasas que hace imposible el manejo de la política cambiaria y amplía sin freno la brecha con el mercado paralelo.
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La raíz de este desastre es innegable: el ente emisor imprime dinero sin control —con una expansión monetaria del 842% interanual frente a un alza cambiaria del 484,2%— para financiar el déficit del gobierno o cuadrar cuentas contables valorando reservas en oro. ¿El resultado directo? Una avalancha de bolívares inorgánicos que entran en la puja por un dólar barato de intervención (Bs/US$ 614), desviando la inmensa presión de compra hacia un mercado negro fuera de todo radar oficial.
Lo que te intentan vender como política económica es, en el fondo, la creación del ecosistema perfecto para el arbitraje financiero y el enriquecimiento ilícito. Con una brecha paralela que alcanza el 27% frente a la tasa oficial , los «afortunados» que acceden a las divisas del BCV se voltean inmediatamente al mercado negro (Bs/US$ 780) para revenderlas, consolidando así la destructiva y conocida «bicicleta cambiaria».
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