La reciente licencia emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que autoriza al Gobierno de Venezuela y a PDVSA a contratar asesoría financiera y legal, ha encendido las alarmas sobre el perfil de los acreedores internacionales. De acuerdo con el economista Asdrúbal Oliveros, en entrevista para el programa Dos mas Dos de Unión Radio, el país enfrenta un ecosistema de cobro mucho más agresivo que en décadas pasadas, dominado por los denominados «fondos buitre».
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Oliveros advirtió que el tiempo transcurrido desde el default de 2017 ha cambiado radicalmente quién tiene los papeles de la deuda venezolana, lo que complica cualquier intento de negociación amistosa.
«Nuestra deuda, que en principio estaba en manos de fondos internacionales institucionales, que probablemente son más abiertos a un proceso de renegociación, ha migrado o ha pasado de mano a fondos más agresivos, fondos concentrados en deuda de alto riesgo… Esos fondos son todos los que llamaron los ‘fondos buitres’.»
El economista enfatizó que estos actores no buscan simplemente recuperar el capital, sino maximizar retornos bajo presión: «Ellos van a llevar una negociación mucho más agresiva, mucho más dura, que se puede complicar… Va a ser un proceso complejo».
Una deuda de 170.000 millones: «economistas detectives»
Ante la opacidad oficial, Oliveros explicó que el gremio ha tenido que actuar con métodos poco convencionales para dimensionar el compromiso financiero del Estado.
«En Venezuela los economistas somos mitad analistas, mitad detectives, porque bueno, hay una ausencia de datos… Estamos hablando de unos niveles de deuda que están por el orden de los 170.000 millones de dólares.»
Este monto global se desglosa de la siguiente manera:
- Deuda financiera (Bonos): Alrededor de 60.000 millones de dólares.
- Pasivos de PDVSA: Superan los 50.000 millones de dólares, incluyendo deudas con empresas mixtas, contratistas y laudos arbitrales.
Sobre la autorización de Washington para contratar consultoría, Oliveros fue tajante al aclarar que no implica dinero fluyendo hacia los acreedores todavía.
«Esto es como un primer paso donde apenas la licencia es bastante clara; establece que es como una especie de abreboca, de trabajo preliminar de estudio… No vamos a ver en el corto plazo como tal el inicio formal de un proceso de reestructuración.»
Para avanzar, el experto señaló que es imperativo el diseño de un plan macroeconómico y la consolidación fiscal: «Es difícil pensar en un proceso de reestructuración sin tener claridad, por ejemplo, de cuál es el tamaño del Estado venezolano, cuáles son sus ingresos, cuáles son sus gastos».
Oliveros destacó que el acercamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) será el motor que acelere el inventario oficial de la deuda. Una vez superada esta etapa, la Bolsa de Valores de Caracas podría jugar un papel estelar.
«Esa reestructuración probablemente va a terminar con un ‘quite’ o un descuento… y probablemente se emiten nuevos papeles con otras características, otros plazos, y esos nuevos papeles creo que la Bolsa de Valores puede ser un buen lugar para hacerlo.»
A pesar del nudo de la deuda, las proyecciones para el cierre de este año son optimistas debido a la flexibilización de sanciones y la dinámica energética.
- Crecimiento del PIB General: Se estima en un 12%.
- Crecimiento del PIB Petrolero: Un robusto 25%.
- Flujo de caja: «Estamos esperando este año ingresos adicionales por el orden de 13.000 millones de dólares de petróleo que también van a tener un impacto directo en el mercado cambiario y en la capacidad de consumo».
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