A través de su embajada en Caracas, el Gobierno de los Estados Unidos ha puesto en marcha una agresiva agenda de reactivación económica.
El plan pretende conseguir un objetivo claro: sentar las bases para el retorno masivo, a Venezuela, de capitales extranjeros.
Para lograr ese cometido, el Departamento de Estado se apalanca en el plan de tres fases delineado por el secretario Marco Rubio.
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La delegación diplomática estadounidense también ejecuta acciones sobre el terreno.
Esta semana, los emisarios de la Unión Americana sostuvieron encuentros clave con actores fundamentales.
Los representantes de la embajada se reunieron con firmas tecnológicas como GE Vernova y la plataforma de servicios financieros Cashea.
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En la agenda de los diplomáticos también hubo conversaciones con cúpulas gremiales como la Cámara Petrolera de Venezuela y la Asociación de Hidrocarburos.
Para Washington, la clave de la recuperación económica venezolana no reside sólo en el flujo de caja, sino en la creación de una arquitectura legal «blindada» que atraiga a empresas con estándares globales.
Inversión a «velocidad de crucero»
John Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, confirmó que la reciente visita al país de Jarrod Agen, director ejecutivo del Consejo Nacional de Dominio Energético de la Casa Blanca, no fue meramente protocolar.
Durante su estancia en suelo venezolano, se formalizaron memorandos de entendimiento que superan los 2.000 millones de dólares en inversiones directas para los sectores de hidrocarburos y minería.
“Nos estamos moviendo a la velocidad de Trump para que las inversiones ocurran”, sentenció Barrett, subrayando la urgencia con la que el gobierno estadounidense busca reactivar la industria energética venezolana.
Estos acuerdos, suscritos en coordinación con la administración de Delcy Rodríguez, buscan oxigenar sectores estratégicos que han operado a mínima capacidad durante años.
Cielos abiertos y seguridad jurídica
El clima de distensión económica ha venido acompañado de hitos logísticos.
La reanudación de los vuelos comerciales directos entre Estados Unidos y Venezuela, tras siete años de cielos cerrados, es percibida por los analistas como la señal definitiva de que la normalización va más allá de la retórica.
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No obstante, el cuerpo diplomático ha sido enfático al decir que el éxito de estos 2.000 millones de dólares iniciales dependerá de la transparencia y la solidez de las reglas del juego.
El sector privado venezolano, por su parte, se ha declarado listo para asumir el liderazgo en esta transformación estructural que promete cambiar el rostro de la economía nacional en el corto plazo.
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