La corporación italiana Eni ha intensificado sus gestiones ante Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) para asumir un rol protagónico en el bloque Junín 5.
La iniciativa busca rescatar la producción en una de las áreas más ricas de la Faja Petrolífera del Orinoco, pero también relanzar la relación entre el Estado venezolano y las multinacionales europeas.
Tras años de operaciones limitadas por el esquema de empresas mixtas tradicionales, Eni apunta a una estructura de gestión directa.
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Según fuentes cercanas al sector, la empresa con sede en Roma aspira a un modelo de gobernanza que le otorgue autonomía en la contratación de proveedores y en la logística de exportación.
Este esquema es visto como el «oxígeno» necesario para que Junín 5, un yacimiento de al menos 35.000 millones de barriles de petróleo, supere el estancamiento técnico derivado de la crisis de inversión que ha afectado a la industria petrolera venezolana.
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Desde una perspectiva financiera, la jugada de Eni es pragmática. La empresa busca asegurar un flujo constante de crudo, que sirva para amortizar la multimillonaria deuda que el Estado venezolano mantiene con la firma.
Para Italia y la Unión Europea, la reactivación del campo Junín 5 representa una oportunidad para estabilizar el suministro de crudo pesado, esencial para sus refinerías.
No obstante, el éxito de esta misión depende de la agilidad institucional de Pdvsa y de la estabilidad de las licencias emitidas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).
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