Tras los recientes anuncios gubernamentales sobre la reactivación de operaciones marítimas utilizando el nombre histórico de Conferry, la familia Tovar emitió este viernes un comunicado para fijar posición pública. Los antiguos propietarios aclararon que no guardan ninguna relación con la operación actual ni con la administración o gestión comercial de este reinicio de actividades.
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Aunque manifestaron celebrar cualquier iniciativa que busque fortalecer la conectividad marítima y el desarrollo del estado Nueva Esparta , recordaron que existe una deuda histórica, jurídica e institucional que el Estado venezolano mantiene con los verdaderos accionistas desde hace casi 15 años.
Ocupación forzosa y compromisos incumplidos desde 2011
La familia Tovar precisó los antecedentes del caso para salvaguardar la transparencia institucional y la verdad histórica de la emblemática empresa de transporte marítimo:
- Intervención sin indemnización: La empresa original fue objeto de una intervención estatal en septiembre de 2011, sufriendo la ocupación forzosa de sus activos, flota, instalaciones e identidad corporativa. Tras casi tres lustros, los accionistas no han recibido compensación alguna por dichos bienes.
- Acuerdos violados: Permanecen totalmente incumplidos los compromisos asumidos por el Estado venezolano en el acta de avenimiento suscrita en el año 2013, obligaciones que acumulan casi 13 años pendientes a pesar de la buena fe y la disposición al diálogo demostrada por los propietarios originales.
- Deterioro del patrimonio: Durante el período de gestión estatal, gran parte de los activos fijos que integraban la compañía original se deterioraron, dejaron de operar o desaparecieron.
El origen de la embarcación presentada
El comunicado detalla que la reaparición de los símbolos y colores concebidos por su fundador, Rafael «Fucho» Tovar, trasciende un simple anuncio comercial. De hecho, revelaron que la nave que actualmente se presenta para esta reactivación tiene un pasado ligado a la empresa privada.
Se trata del buque originalmente llamado Pegasus One, una embarcación que operó en Venezuela durante la década de los noventa bajo la gestión directa de «Fucho» Tovar, antes de ser devuelta en su momento a los arrendadores o propietarios originales.
La familia Tovar Mata concluyó enfatizando que honrar los acuerdos suscritos y respetar la propiedad privada es una condición indispensable para enviar un mensaje de seguridad jurídica real a los inversores nacionales y extranjeros que evalúan oportunidades en el país.
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