Aunque no está exenta de dolores crónicos, la economía venezolana ha dejado de estar en cuidados intensivos.
Las estimaciones apuntan que Venezuela ha entrado en una fase de rehabilitación vigorosa.
Según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el país cerrará 2026 con un crecimiento del 7.4%.
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La expansión, dice el reporte, estará apalancada por una industria petrolera que finalmente ha logrado romper el techo del millón de barriles diarios.
Este pronóstico, el más optimista de la última década, tiene como trasfondo el giro de timón institucional que se ha registrado, en Venezuela, desde comienzos de este año.
De hecho, el PNUD ha destacado la «normalización» de las relaciones entre Caracas y Washington, así como la reestructuración del marco legal minero y energético.
Esos cambios, destaca el informe, han creado un ecosistema más previsible para la inversión privada.
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En medio de todo, la cifra que más llama la atención, más allá del crecimiento, es la que da cuenta del freno a la inercia inflacionaria.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo prevé que los precios subirán un 271.6% para finales de este año.
Aunque es cierto que se trata de un índice elevado para cualquier país, en el contexto venezolano simboliza el fin de la era de la inestabilidad absoluta.
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