María Corina Machado se ha conducido con atípica moderación a casi un mes de la primaria

Ha transcurrido casi un mes desde la elección primaria en la que María Corina Machado, líder del partido Vente Venezuela, fue catapultada por margen abrumador a la candidatura presidencial unitaria de la oposición. Mientras tanto, persiste su inhabilitación para cargos de elección popular ordenada por instituciones comprometidas con los intereses del gobierno Nicolás Maduro.

Machado era consciente de esta situación desde mucho antes de la primaria. De ahí que acuñara como lema de campaña “Hasta el final”. Una especie de compromiso a hacer lo necesario para conseguir el fin de la inhabilitación y no ceder su candidatura pese a los obstáculos.

Debido a su perfil como uno de los dirigentes más antisistema de la oposición venezolana, al frente de movimientos de protesta como “La Salida” en 2014, aquellas palabras fueron ampliamente interpretadas como un llamado a acciones contundentes. Sin embargo, hasta ahora su proceder se ha caracterizado por bastante moderación.

Respeto al diálogo

Machado no ha hecho absolutamente ninguna convocatoria a protestar exigiendo al Estado bajo control del chavismo que ella sea habilitada. Más bien se ha limitado a hacer apariciones públicas en distintos puntos del país y a declarar a medios de comunicación. En ambos casos, reiterando que insistirá con su candidatura.

Otro rasgo llamativo es su abstención de criticar el llamado “Acuerdo de Barbados” que el chavismo y la Plataforma Unitaria suscribieron poco antes de la primaria. Esto, a pesar de que Machado repudió en el pasado intentos de negociación similares.

Las interpretaciones sobre el acuerdo en materia de inhabilitaciones varían. El chavismo sostiene que confirma los vetos existentes. Mientras, la oposición y su principal aliado, el gobierno de Estados Unidos, sostienen que debería ser el punto de partida para revocarlos.

Como alguien que en el pasado denunció pactos previos entre Miraflores y sus detractores como meros intentos del gobierno para obtener beneficios a cambio de nada, en teoría Machado pudiera argumentar que la lectura chavista del presente acuerdo es la que cuenta. Y que, por lo tanto, constituye una anulación forzosa de la primaria en la que ella triunfó. Pero no lo ha hecho.

¿Que «desde Washington todo fluya»?

Es probable que Machado esté optando por esperar a ver si el chavismo cede antes de que termine noviembre. El Departamento de Estado norteamericano advirtió que espera que para esa fecha se haya establecido una garantía de que todos los interesados en lanzarse a la presidencia en las elecciones podrán hacerlo. En caso contrario, pudiera revertir el alivio de sanciones que el Departamento del Tesoro ordenó el mes pasado.

Si el gobierno cediera y se levantara la inhabilitación, sería un gran avance para la causa opositora, prácticamente sin costos. Pero ya ha transcurrido la mitad de noviembre sin que haya señal alguna de que vaya a darse tal concesión.

De persistir el veto a Machado en diciembre, tal vez la aspirante presidencial se vuelva más crítica de los Acuerdos de Barbados y busque presionar por otras vías, como la movilización ciudadana.

No hay garantías de que ese llamado tenga buena acogida. Entre la población hay miedo a las medidas represivas del gobierno contra las protestas, así como frustración por experiencias anteriores similares que no dieron resultado. He ahí los restos de la candidata opositora inhabilitada.

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