El CEO de Pfizer, Albert Bourla, confiaba en junio en la capacidad de la vacuna de su empresa para proteger contra la variante delta. Apenas unas semanas después, la empresa comunicó que solicitaría autorización para una vacuna de refuerzo, después que los primeros resultados de los ensayos mostraran que una tercera dosis aumentaba potencialmente la protección.
A finales de julio, Pfizer y BioNTech anunciaron que, entre cuatro y seis meses después de la segunda dosis, la eficacia de su vacuna se reducía a cerca del 84%.
Bourla se apresuró a promover una tercera dosis tras las desalentadoras noticias, diciendo que estaba “muy, muy seguro” de que un refuerzo aumentaría los niveles de inmunidad en los vacunados.
Sin embargo, hay un problema: Pfizer aún no ha aportado pruebas concluyentes que respalden esa confianza. La empresa carece de resultados de ensayos clínicos de última fase que confirmen que el refuerzo funcionará contra las variantes de covid, incluida delta, que actualmente representa 93% de las nuevas infecciones en los Estados Unidos.
Pfizer anunció su ensayo global de fase 3 sobre una tercera dosis a mediados de julio. La fecha de finalización de ese ensayo es en 2022. Los resultados de la fase 3 suelen ser necesarios antes de la aprobación reglamentaria.
“Confiamos en esta vacuna y en la tercera dosis, pero hay que recordar que el estudio sobre la eficacia de la vacuna sigue en marcha, por lo que necesitamos todas las pruebas que lo respalden”, dijo, el 9 de agosto, Jerica Pitts, directora de relaciones con los medios a nivel mundial de Pfizer.
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Mientras, Pfizer comunicó recientemente que, si una tercera dosis no podía combatir la variante delta u otras, la farmacéutica está preparada para presentar una vacuna “a medida” en un plazo de 100 días.
Todo esto ha sembrado confusión sobre qué funcionará exactamente, y cuándo.
¿De quién depende la decisión?
El doctor Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital Infantil de Philadelphia y asesor de los Institutos Nacionales de Salud y de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), dijo a EFE que las decisiones sobre los refuerzos no dependen de los fabricantes de vacunas.
“Las farmacéuticas no son organismos de salud pública, y no les corresponde determinar cuándo o si debe haber dosis de refuerzo”, explicó Offit. “Eso es competencia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)”.
De hecho, los CDC y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) —las agencias federales que supervisan la autorización de las vacunas contra covid—19- comunicaron en julio que los estadounidenses totalmente vacunados no necesitan una dosis de refuerzo.
Las vacunas actualmente autorizadas —Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson— funcionan como deberían: las tres reducen el riesgo de covid lo suficiente como para desarrollar una forma grave, hospitalizar o matar a una persona.
Si las tasas de hospitalización y muerte aumentan entre los vacunados, entonces sería el momento de hablar de refuerzos, dijo Offit, pero “no estamos ahí, todavía”.
El panel asesor de los CDC tenía previsto reunirse este viernes, 13 de agosto, para considerar si son necesarias dosis adicionales de vacunas para las personas inmunodeprimidas. También está en la agenda una presentación sobre los refuerzos.
La FDA se adelantó y autorizó el jueves por la noche la administración de una tercera dosis de las vacunas contra la covid-19 de Pfizer y Moderna a las personas inmunodeprimidas.
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