Escasez de gas ha hecho más dura la cuarentena

En algunas comunidades los ciudadanos han tenido que recurrir a la leña para cocinar

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El 16 de mayo, Eudis Girot, director ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv), denunció que la planta de fraccionamiento del Complejo Criogénico de Oriente (José Antonio Anzoátegui), que abastece de gas doméstico a todas las plantas de distribución del país estaba paralizada.

En el estado Bolívar, la deficiencia de este servicio empeoró desde el año pasado obligando a los consumidores a optar entre pagar 1 millón doscientos bolívares por bombona, esto debido a la reducida oferta, o cortar árboles para cocinar con leña.

El miércoles, los trabajadores de Bolívar Gas en Unare cumplieron 3 días sin recibir gas para cubrir las rutas debido a la escasez de combustible que impide que las cisternas viajen desde la planta ubicada en el estado Anzoátegui hasta Ciudad Guayana.

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Por si fuera poco, en el estado Bolívar existen otros problemas que restringen el despacho: la insuficiencia de cilindros y las pocas unidades de transporte para la distribución.

Los empleados denunciaron que de los 30 camiones que tenían para la repartición de bombonas de gas, hoy solo cuentan con 5 para atender a comunidades como Villa Brasil, Villa Colombia, Unare y Core 8.

Señalaron que la venta se volvió ineficiente y criticaron la suspensión de la atención al público en 25 rutas. Consideran que es un retraso que se hagan “operativos de gas” cada dos meses y que para ello se dependa de los consejos comunales de cada sector.

En otros tiempos, no tan remotos, alrededor de 3 y 5 gandolas cargadas de gas abastecían a diario a Ciudad Guayana y las empresas distribuidoras disponían de la cantidad de cilindros suficiente para atender la demanda con mayor rapidez.

Los trabajadores podían realizar dos despachos al día, cargar el camión una tercera vez y dejarlo listo para la siguiente jornada. Hoy solo cuentan con un cuarto de los cilindros que tenían antes, por lo que ahora tienen que buscar primeros las bombonas, llenarlas y luego devolverlas a las comunidades donde se realizó el operativo.

Los transportistas de Bolívar Gas aprovecharon la visita a la planta para indicar que desde 2017 no reciben dotación por lo que tienen que trabajar con botas rotas y sin guantes. Ellos mismos fabricaron sus tapabocas porque la empresa no les suministró los insumos de protección ante la pandemia del COVID-19.

“Si reclamas, te bajan del camión”, indicó uno de los empleados de la empresa estatal al referirse al hostigamiento laboral. Señalaron que la nueva dirigencia de Gas Bolívar los amenaza si dicen algo que contradiga lo que ellos estipulan.

Obstáculos al comercio, sufrimiento en las comunidades

Jorge Medori, supervisor de una panadería en Unare, llevaba tres días esperando ser abastecido de gas para atender la empresa donde trabaja. Luego de ser negada la entrega para el lunes, el día martes esperaba el suministro, pero las siete bombonas que pagó con antelación tampoco llegaron y perdió su producción. Aunque planteó retirar los cilindros en su propio vehículo, le fue negado el despacho.

“Te ves con las manos atadas, no puedes resolver porque no hay un camión”, expresó. Contó que más panaderos dependen de los camiones para el suministro de gas y tampoco han sido atendidos. Aunque le informaron que el vehículo estaba siendo reparado, no le aseguraron fecha para la entregada de las bombonas.

“Así como están los costos de producción ahorita, que todo está por las nubes, que todo está dolarizado, esto es una gran pérdida”, manifestó. Le preocupa los días que seguirán sin producir porque en la compañía deben pagar de igual forma los sueldos, la mercancía de los proveedores y los impuestos de la Alcaldía.

En San Félix la realidad es igual de crítica, es común ver en las aceras la venta de leña o personas recorriendo largos trechos con una carretilla para llenar sus bombonas. “Voy a tres semanas sin gas”, indicó Luis Rodríguez, residente del sector Cristóbal Colón. Durante cinco días seguidos ha caminado dos kilómetros desde su casa a la sede de Gas Bolívar en Chirica esperando ser atendido, sin embargo, su esfuerzo ha sido en vano.

En su comunidad pueden pasar hasta tres y cuatro meses para entregar los cilindros de gas, mientras ve cómo en el mercado de Chirica puede conseguir las bombonas a precios de hasta 1 millón 500 mil bolívares, 300 mil más de los que gana por dos semanas de trabajo.

“Hay un poco de gente cocinando a leña”, manifestó. Considera que desde el gobierno regional no se han aplicado medidas que garanticen el suministro de gas para atender las necesidades de la población. “El señor gobernador dijo que aquí en Guayana todo estaba bien y eso es inventado, vamos a hablar con la verdad, esto aquí está malo”, sentenció.

William Romero, trabajador de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), al tener 2 meses sin servicio de gas recoge ramas detrás del estadio La Ceiba para poder cocinar. A pesar de llevar un bulto, este tan solo le puede durar un par de días. El consejo comunal de Francisco de Miranda -sector donde vive- solo dice que en la planta no ha llegado gas y por esa razón no pueden ser atendidos.

Con los 8 años trabajando en Sidor logró comprar un carro y levantar una casa para sus tres hijos, pero hoy por la escasez de gasolina y gas no tiene el combustible fundamental para trasladarse y comer. “Tengo dos carros y tengo que andar a pie”, señaló con ironía.

Desde la cuarentena no asiste a la estatal, al quedar fuera de la contingencia recibe un salario base de 3 millones quincenales, lo equivalente a 60 dólares mensuales. A pesar que se rebusca vendiendo sardinas, le es imposible pagar los cilindros de gas que venden en mercados informales, representan un costo que prefiere dedicar a la compra de alimentos.

Aunque le preocupa el uso de la leña que contamina su casa y afecta sus hijos manifiesta no tener otra alternativa. “Es la única forma de sobrevivir”, relató.

Dentro del deteriorado parque La Fundación, la tala de los árboles es aún más evidente. José Ramón Campos, de 59 años, llega allí desde 7:00 hasta las 11:00 de la mañana para cortar leña debido a que, en Luis Hurtado Higuera, barriada donde reside, no llega el gas desde hace dos meses. Para cargar los tres troncos que lleva consigo utiliza una goma espuma para que el peso no le cause tanto dolor en el hombro.

“Eso ahorita es una estafa”, indicó en referencia a la venta del gas. Personas le han querido vender una bombona entre 20 y 30 dólares. Ha visto cómo en la avenida Libertador revenden los cilindros, mientras que en el mercado de Chirica alrededor de 80 revendedores de gas trabajan sin ninguna vigilancia.

“Uno iba y compraba su gas, uno no tenía que estar metido en el monte para ver si le picaba una culebra”. relató. Calcula que los tres pedazos de leña le alcanzarán para unos cuatro días y sin siquiera cumplir con las tres comidas. “Hay días que se acuesta uno sin comer”, comentó.

A parte de las culebras, señala que otro de los peligros del parque es la delincuencia, antisociales aprovechan la poca vigilancia para robar a las personas, sin embargo, sigue asistiendo sin pertenencias de valor y con un machete para defenderse. “Uno se ve en la obligación de que tiene que buscar la leña”, dijo Campos.

Con información del Correo del Caroní

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