Refrescarse y chuchear en las manifestaciones políticas de Caracas resulta cariñoso

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Caracas – Además de un pito, una bandana, gorra y la respectiva bandera tricolor, los venezolanos han optado por incluir en su repertorio para las marchas políticas de las últimas semanas un termo con agua o jugo y algo para comer.

La razón de esta medida se debe a los altos costos de chucherías y bebidas refrescantes que se encuentran a la venta, realidad que el equipo de descifrado.com pudo conocer durante un recorrido por manifestaciones políticas convocadas por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y el Gobierno.

Agua de 500 ml entre 1.000 y 1.500 bolívares, refrescos de la misma presentación a 3.000 Bs., malta de botella retornable a 1.000 o 1.200 Bs., Gatorade entre 3.500. y 4.000 Bs.; además de te con limón en el mismo rango de precio, son algunas de las bebidas que se presentan como opciones refrescantes en medio de jornadas donde la exposición al sol y el canto de consignas son parte de la faena.

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Asimismo, platanitos a 1.000 Bs., snacks como Doritos o Cheese Tris al mismo costo y Pepitos a 800 Bs. fungen como alternativas “para engañar al estómago” mientras se regresa a casa.

“Atrás quedaron aquellos años en que resultaba oportuno buscar a algún vendedor ambulante para calmar la sed o el hambre (risas)”, afirmó Rafael Silva, manifestante opositor y residente de un edificio en Santa Mónica, cuyo nombre prefirió reservarse “por seguridad”.

En las últimas semanas he ido a varias concentraciones y marchas con un bolso en el que cargo potes de agua, algún pancito o arepita y vinagre para soportar las bombas lacrimógenas”, confesó Silva. “Hoy día el dinero no alcanza como para andar haciendo esos gastos”.

Pese a diferir ideológicamente, María Ribas, militante del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), coincide en la necesidad actual de priorizar al momento de comprar.

“No sé si es por la guerra económica, pero al menos a mi no me alcanza el dinero como para destinarlo en antojos durante estos llamados a movilizarnos”, aseguró.

“Y si vengo con la familia es peor porque se gasta más (risas)”, agregó Ribas. “Sin duda, termina siendo mejor traerse varias cositas de la casa”.

Estas operaciones para propiciar el ahorro han sido observadas por los comerciantes informales, quienes siguen asistiendo a las convocatorias a vender su mercancía pese a también sentir en ellas “la crisis”.

“Las ventas han bajado full. Nosotros estamos claros que para la gente no es rentable comprar lo que ofrecemos, ya que ahora el dinero sólo se destina para la comida del hogar. Pero qué vamos a hacer. Hay que seguir trabajando. Siempre se vende algo”, destacó sonriente Alvaro García.

“Lo bueno” para estos comerciantes, según, es que ahora no hay tanta competencia como en otrora.

“Ha disminuido. Muchos se están dedicando a otras actividades o ya no venden bebidas y chucherías porque les resulta muy alta la inversión”, puntualizó.

En este sentido es notable toparse frecuentemente en ambas movilizaciones con vendedores de café pequeño (150-200 Bs.) y cigarros detallados (250 Bs).

“Se invierte menos y la ganancia es aceptable”, dijo con recelo una trabajadora informal que evitó dar a conocer su nombre “porque como están las cosas, uno no sabe quién es quién”.

“Además, mientras el país se arregla lo que debemos es buscar cómo hacer dinero honestamente y de forma rápida porque la inflación nos arropa”, finalizó la fémina tras cobrar un “guayoyo” pequeño y prepararse para seguir ofreciendo su mercancía en una carretilla al ritmo de Guaco, “así es la vida ya usted ve. ¡Un cigarrito y un café!”.

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