Los números indican que Delcy Rodríguez miente. Tras el aumento del Ingreso Mínimo Integral (IMI) lanzado el pasado 30 de abril, la presidente interina ha vendido la medida como una decisión que aliviará el bolsillo de los venezolanos.
La versión de Rodríguez es tan frágil que un análisis riguroso de las cifras desmonta la trampa retórica de la gobernante y de su equipo de trabajo. Justo de esa tarea se encargó el economista y profesor universitario, Leonardo Vera.
A través de una publicación compartida en X, el académico puso la lupa sobre la ingeniería financiera que sustenta el incremento, calificándola como un sistema bizarro que perjudica directamente al trabajador y al pensionado.
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El núcleo de la denuncia radica en el uso de tipos de cambio diferenciales.
Mientras el Banco Central de Venezuela (BCV) coloca divisas en el mercado de intervención a una tasa de 570.7 bolívares por dólar, el Gobierno nacional cancela los bonos del IMI utilizando una tasa de 489.55 bolívares por dólar.
De acuerdo con Vera, esta brecha de más de 80 bolívares por dólar genera una pérdida inmediata de poder adquisitivo, apenas el dinero cae en la cuenta del beneficiario.
“En el camino, unos 4.057 bolívares han sido esquilmados a cada trabajador activo y jubilado”, explicó el profesor.
En términos prácticos, el aumento de 50 dólares anunciado con bombos y platillos por el Ejecutivo se reduce a 42.8 dólares reales si el trabajador intenta reponer esas divisas en el mercado oficial.
La situación es más dramática para los pensionados. De los 11 dólares de incremento nominal, sólo perciben el equivalente a 9.44 dólares.
Esta política no sólo afecta la liquidez inmediata, sino que profundiza la crisis de las prestaciones sociales.
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Al no tocar el salario mínimo base, el Ejecutivo mantiene los beneficios laborales «en el suelo», ignorando las escalas de profesionalización y la antigüedad, ahora aplanadas por el polémico instructivo ONAPRE y el memorándum 2792.
Expertos del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF) coinciden en que este esquema fomenta la llamada «inflación en dólares».
Para protegerse de la tasa oficial desventajosa, los comercios elevan los precios en divisas cuando el pago es en bolívares, cerrando un círculo vicioso donde la torta económica crece para unos pocos, mientras la mayoría recibe tajadas cada vez más pequeñas.
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