El sueño emprendedor en Venezuela enfrenta su prueba más dura. Según la Radiografía del Emprendimiento 2025, elaborada por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), el panorama es desolador.
El reporte indica que, en Venezuela, la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA) se contrae cada vez más, confirmando que la «estrategia de emprender para comer» se ha topado con límites estructurales.
Expertos como Miguel Rivas Espinoza, economista y profesor de la Universidad Metropolitana (Unimet), destacan que, en suelo venezolano, emprender implica sobrevivir, no innovar.
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La hiperinflación persistente, la escasez de divisas y el frenazo económico lastran —- tal y como lo advierten firmas especializadas —– los nuevos negocios.
En consecuencia, los comerciantes que desean dar sus primeros pininos dentro del rubro, lo hacen incorporándose a él desde la informalidad y desde la desdolarización forzada en pagos.
«La reducción no es sólo numérica, es cualitativa», advierte el informe GEM. Sólo un puñado de iniciativas logra madurar hacia ventures escalables, mientras que el 70% permanece en etapas tempranas de necesidad.
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Factores como regulaciones asfixiantes, inestabilidad política y menor dinamismo (crecimiento económico por debajo del 5% en 2025) ahogan la iniciativa privada.
Sin embargo, hay chispazos: sectores como agro y tecnología resisten, impulsados por remesas y exportaciones informales.
La gran conclusión es que, para reactivar el emprendimiento venezolano y su perdurabilidad a largo plazo, urge una reforma fiscal, mayor acceso crediticio y estabilidad macroeconómica.
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