La industria molinera venezolana parece haber encontrado el camino hacia la recuperación.
Juan Crespo, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores de la Harina (Fetraharina), afirmó que la producción de harina de trigo registró un crecimiento sostenido, durante el primer trimestre del año.
El auge se apalancó en dos variables: una mayor disponibilidad de materia prima y una notable mejora en la competitividad de los precios locales frente a la oferta importada.
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Gracias a tal contexto, la actividad molinera experimenta una reactivación operativa. Fuentes del sector confirman que las principales plantas han comenzado a implementar segundos y hasta terceros turnos laborales.
Esta operatividad 24/7 no sólo garantiza el abastecimiento de la harina de trigo, un insumo crítico para la dieta del venezolano, sino que marca un hito en la recuperación del empleo industrial.
El fenómeno responde a una corrección en la dinámica del mercado. Tras años de una «invasión» de harinas terminadas, procedentes de Turquía y Brasil, el producto procesado en suelo venezolano ha logrado recuperar espacios, gracias a una optimización en la cadena de costos y a la preferencia de los panaderos locales.
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El hecho de que las empresas estén contratando o reactivando turnos rotativos indica una expectativa de demanda sólida para los próximos trimestres, alejando el fantasma de la escasez que afectó al rubro en años anteriores.
Sin embargo, para que esta primavera industrial se mantenga, el sector privado insiste en la necesidad de políticas que sigan facilitando el acceso a divisas para la importación de trigo y que optimicen el suministro eléctrico para las plantas procesadoras.
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