El cierre contable de 2025 ha dejado una fotografía agridulce para la economía venezolana.
Por un lado, el país experimentó un alivio significativo en su flujo de caja externo gracias a una recuperación notable de sus ventas de crudo.
Por otra parte, los datos técnicos del Banco Central de Venezuela (BCV) revelan que persisten las filtraciones que impiden una acumulación sólida de reservas internacionales.
De acuerdo con las cifras oficiales, las exportaciones petroleras generaron un total de 18.212 millones de dólares durante el año 2025.
Este dato representa un salto del 14.5% en comparación con los 15.910 millones de dólares reportados en 2024.
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Este incremento no es fortuito, responde, más bien, a la estabilización de la producción, apuntalada por las licencias otorgadas a transnacionales como Chevron.
El aumento también obedece a una gestión de ventas que, aunque aún sortea obstáculos sancionatorios, logró colocar mayores volúmenes en mercados estratégicos.
Si sumamos las exportaciones no petroleras, el país logró ventas externas totales por 20.933 millones de dólares.
En la otra acera, sin embargo, las importaciones también mostraron un repunte, situándose en 14.120 millones de dólares, lo que refleja un mercado interno con un apetito de consumo creciente, pero aún altamente dependiente de la manufactura extranjera.
“Agujero negro» financiero
Sobre el papel, Venezuela goza de una salud comercial envidiable. La balanza de pagos muestra un superávit en la cuenta corriente de 5.362 millones de dólares.
En cualquier economía vecina, este excedente se traduciría automáticamente en un robustecimiento de las reservas internacionales y en una mayor estabilidad cambiaria. Sin embargo, en el caso venezolano, la realidad es más compleja.
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El análisis pormenorizado de la cuenta de capital y financiera — donde se registran los movimientos de inversiones, préstamos y activos — muestra un saldo negativo que neutraliza gran parte del beneficio comercial.
Un dato que ha encendido las alarmas entre los analistas es la persistencia de la partida de «errores y omisiones», que suele ser el refugio estadístico para registrar la salida de divisas no declaradas o la fuga de capitales.
A pesar del ingreso masivo de petrodólares, la economía sigue sin retener el ahorro interno, lo que obliga al BCV a intervenir constantemente en el mercado cambiario para evitar una depreciación acelerada del bolívar.
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