El Toque: ¿Que vamos a hacer con más remesas?

En 2018, cuando aún se recibían remesas vía WU, resultaba mucho más fácil para un ciudadano ir a comprar al agro o a las tiendas en CUC ( el antecesor de la MLC).

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En noviembre de 2020 la Administración de Donald Trump decidió cerrar el servicio de envío de remesas a través de la compañía Western Union (WU) desde Estados Unidos hacia Cuba. Luego, en enero de 2023, bajo el Gobierno de Biden, se reactivó el servicio de manera experimental únicamente desde Florida. El 2 de marzo de 2023 la fase de prueba dio paso a la normalización. Es posible enviar dinero a la isla desde todos los estados de la Unión (con restricciones de hasta 2 000 USD diarios, aunque no son significativas).

La nueva medida apunta hacia un aumento de las remesas a Cuba, lo cual sería bueno para el incremento en el ingreso de algunas familias y para las políticas recaudatorias del Gobierno cubano. Pero, más allá de lo aparente, ¿cuáles serían los efectos posibles de dicha medida, sobre todo para el poder adquisitivo del ciudadano?

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Nunca te bañas dos veces en el mismo río

El aumento de las remesas a Cuba hoy no va a tener el mismo impacto que pudo haber tenido en 2017 o 2018, porque no es el país de entonces. No lo es no en un sentido poético-filosófico-existencial, sino en sus condiciones económico-productivas y su estado demográfico. Que se aplique la misma política o el mismo shock en escenarios diferentes solo trae un resultado distinto para cada escenario.

En 2018, cuando aún se recibían remesas vía WU, resultaba mucho más fácil para un ciudadano ir a comprar al agro o a las tiendas en CUC ( el antecesor de la MLC). En aquel entonces, aunque deficiente, había cierto nivel de abastecimiento por la producción en la agricultura y la ganadería, así como la importación de bienes de consumo, sobre todo alimentos.

¿Y hoy? En 2023, el acrecentamiento de la escasez es visible en los altos precios y su aumento (inflación), así como en las largas colas para comprar y el racionamiento generalizado de la comercialización de productos, que constituyen la mejor evidencia económica de que hay mucho menos para comprar, o lo que es lo mismo, menos oferta que en los años mencionados.

Las estadísticas también lo señalan: la producción agrícola cayó un promedio anual de 7.7 % entre 2016 y 2021. Hay tan poco que ofertar, que se produce la ilusión/nostalgia de que antes había (oferta) suficiente. Vivimos una crisis que también se refleja en el aumento de la desigualdad, el descontento social (con su punto máximo el 11J), la ola migratoria e incluso la situación política que vive el país. En ese contexto, el aumento de las remesas enviadas a Cuba tendría sus particularidades.

Las remesas funcionan como un empujón, una inyección, un shock (si es de gran magnitud el empujón, y si se le quiere llamar con lenguaje más técnico) para aquellos que la reciben. No obstante, en escenarios en los que la oferta es insuficiente, más ingresos para algunos grupos de individuos trae como consecuencia inmediata el aumento de la cantidad de demandantes del bien que escasea.

Por ejemplo, si hasta ahora 1 000 familias de determinada zona geográfica tenían dinero suficiente para comprar carne en MLC, y con el aumento de las remesas pasan a ser 1 300 familias, pues habrá al menos un 30 % más de demanda en esa zona. Así, la lucha social por el acceso al alimento hará que aumenten las colas o el precio de esos bienes en el mercado informal. Ambas opciones son dos caras de la misma escasez.

Para una familia, el efecto positivo del aumento de sus ingresos será contrarrestado por el efecto de la escasez (dado el shock de demanda generado por las remesas) sobre los precios. No quiere decir que de manera individual o familiar no será beneficioso, pero menos de lo que se puede esperar. En un mercado en el que hay poco que comprar, para que la economía mejore y aumente el poder adquisitivo del ciudadano, el hecho de que este tenga dinero no es ni la mitad de la solución.

Al mismo tiempo, al aumentar los precios finales de los bienes de consumo, se fortalece el «aburguesamiento» de los bienes básicos; es decir, se afianza el proceso en el que cada vez más productos básicos son asequibles a personas de más ingresos (así, un paquete de salchichas termina por ser casi un bien de lujo). En consecuencia, aumenta la brecha de accesibilidad que puedan tener a estos bienes los ciudadanos de menos ingresos, lo cual consolida la desigualdad. (Fenómeno que caracteriza la economía cubana hace años, dada la ausencia de ofertas para los bolsillos de menos ingresos).

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