Dominar, irse, sobrevivir o vivir el presente

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Dominar, irse, sobrevivir o vivir el presente
Foto: AFP

En Venezuela se destacan tres estilos de vida: Dominar, Irse o Sobrevivir; pero mejor sería la opción de Vivir el Presente.

Por José Gil Yepes

La opción Dominar es la que practica una minoría de menos de 100 personas que controlan las instituciones nacionales; seguidas por no más de 500, ubicadas en las segundas líneas de mando. Este grupo perdió dos golpes de Estado, pero logró una mayoría de votantes con base en promesas populistas, estatistas y de venganza; y se hizo del poder. Esto funcionó mientras hubo dinero, pero la caída del ingreso petrolero y la inflación desmontaron esa mayoría desde un 55% a un 20%.

Así y todo, este grupo ha seguido ganando elecciones por su estrategias de dominación hegemónica, más los errores de la oposición partidista; haciéndose del control de los poderes públicos y jugando con ventajas. Esto motivó que, desde las elecciones parlamentarias de 2005, la oposición cayera en el auto gol de la abstención, con lo cual el potencial del 80% de los votos que ha tenido desde 2014 se ha dividido entre la mayoría que no vota y una minoría que insiste en hacerlo, a su vez, divida en decenas de partidos, quedando así el oficialismo como la mayor minoría.

Dado que la ruta abstencionista ha conducido a mayor dominación del oficialismo y que otras opciones, como la insurrección civil, golpes de Estado, invasión multinacional militar, etc. no han cambiado el gobierno, la oposición ha ensayado volver a votar, como ocurrió en las presidenciales de 2013. El error allí no fue votar en desventaja sino no insistir en el recuento de los votos que, en un principio, reclamaron. Como dice el politólogo Ángel Álvarez, el oficialismo ha montado un juego en el cual… “el Ejecutivo chavista envía mensajes contradictorios de supuesta apertura democrática, seguidos de una fuerte represión cuando se ejerce la protesta contra él…como sucede también en Egipto, Rusia, México en la época del PRI, Bielorrusia y otros.”.

A través de esta crisis política prolongada, la inflación y de la caída del ingreso petrolero, el país se ha empobrecido a niveles de record mundial. De este proceso han surgido dos respuestas insatisfactorias: Irse y Sobrevivir.

La opción de Irse es aplicada por alrededor del 20% de la población que ha optado por emigrar. Este colectivo se caracteriza por su empobrecimiento, disgusto ante el gobierno y la oposición, y no tiene esperanzas de que las cosas mejoren.

La opción de Sobrevivir la vive la mayoría del 60% restante: Una vida mediocre,  empobrecida y apabuyada por la proliferación de problemas de subsistencia que no permiten ocuparse de la política ni de construir su propio destino.

Frente a este desastre, cabe la opción de Vivir el Presente: Vivir el momento y la realidad para ocupar la inmensa cantidad de espacios vacíos que deja el fracaso del Plan Cuasi Totalitario de Dominación. El ejemplo más elocuente de que esta opción produce buenos resultados es la existencia de jóvenes educados, trabajadores, afanados en sus logros, democráticos, plurales y honestos que nos encontramos constantemente. ¿De dónde salieron esos jóvenes si lo que han visto es un entorno macro lleno de malos ejemplos? Estos jóvenes fueron formados por sus familias, colegios, Iglesias y entrenadores deportivos; a pesar de ese entorno hostil. La propuesta es que hagamos lo mismo en otros frentes.

Es momento propicio para consolidar una alianza empresarios-gerentes-trabajadores para recuperar las fuentes de trabajo, desmontando el mito de la lucha de clases;  para que los partidos se reorganicen para acompañar a los ciudadanos en la solución de sus problemas cotidianos, en vez de concentrarse en alcanzar o mantenerse en el poder;  para que las Iglesias se ocupen de organizar a los feligreses para aprender a pescar y no sólo para proclamar el dogma o regalar el pescado; para que los candidatos a gobernaciones y alcaldías se enfoquen en fortalecer la unidad de sus regiones, en vez de seguir jugando a la polarización que erosiona su propios gobiernos.

Si nos concentramos en hacer lo que está a nuestro alcance, dejaríamos de declarar guerras que no estamos preparados para ganar; dejaríamos de vivir del pasado o de un futuro cargado de frustraciones o fantasías enfocadas en la falsa conseja de que sin alcanzar el poder no se puede hacer nada. Si nos concentramos en ocupar espacios que podamos controlar, construíriamos un tejido social con una densa trama institucional que no le permitiría al grupo dominante perforar como punta de lanza nuestras instituciones e ideales democráticos; tendríamos más satisfacciones personales, sentido de logro; y viviríamos en el presente, construyéndolo paso a paso; se multiplicarían los liderazgos y sus responsabilidades sociales, y estaríamos sentando las bases de la verdadera democracia pluralista que hemos querido ser pero que no hemos logrado por delegar el poder personal en otros.

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