«Nadie quiere colocar precios ante la hiperinflación», así se quejan consumidores de establecimientos de venta de alimentos y prestación de servicios en las redes sociales y en la calle. Las cartas, afiches de venta, habladores, quedaron para el olvido. El precio de los artículos solo se descubre en la caja o en las pocas máquinas lectoras de código de barras.
Por tal razón, cada vez más productos se acumulan en lo estantes de las cajas registradoras formando una vitrina improvisada y desordenada.
En ocasiones, consumidores reportan que en el piso de venta de supermercados o en los diferentes departamentos de las panaderías por ejemplo, los empleados les dicen un precio y al pagar resulta que era otro.
Esta situación genera malestar entre consumidores y vendedores. En ocasiones se reportan hasta confrontaciones que van más allá de los gritos.

