Reconocimiento de presos políticos venezolanos por Ecuador marca nuevo revés para diplomacia chavista

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Comunicado de Lenín Moreno constituye otra forma de distanciamiento con su precedesor

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, emitió ayer un comunicado en el que manifiesta su preocupación por la situación venezolana, llamativo por más de una razón. En primer lugar, el mandatario reconoce que en Venezuela hay presos políticos, lo cual considera inquietante.

«Por encima de cualquier postura ideológica o política, la vida es sagrada e intocable. La muerte de seres humanos es un hecho que debemos rechazar enérgicamente», expresa el texto. Además, Moreno defiende «la autodeterminación de los pueblos y el principio de no injerencia».

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Otra cuestión destacada es que el documento no proclama su apoyo al Gobierno venezolano y al presidente Nicolás Maduro, ni responsabiliza a la oposición por los hechos violentos que el país ha vivido recientemente. Esto a pesar que de la cercanía ideológica y geopolítica entre el chavismo y el movimiento Alianza PAIS, desde la llegada a la presidencia del predecesor de Moreno, Rafael Correa, en 2007. Correa en reiteradas ocasiones identificó la organización con el socialismo del siglo XXI. Al igual que el PSUV, la Alianza PAIS es parte del Foro de Sao Paulo.

Este manifiesto por parte del Ejecutivo ecuatoriano marca un hito sin precedentes en las relaciones entre ambos Estados, tras una década de alianza sólida. Ecuador es el primer integrante de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en admitir que en Venezuela hay presos políticos. El comunicado supone un nuevo revés para la diplomacia chavista, que no ha podido impedir el rechazo de la mayoría de los países de América Latina (además de los de Norteamérica y buena parte de Europa) a su trato a opositores, así como a la imposición de la «asamblea nacional constituyente». Ahora, los cuestionamientos han alcanzado su base de apoyo internacional.

El comunicado de Moreno podría ser parte de una evolución en el oficialismo ecuatoriano, marcado por un distanciamiento con respecto a las políticas de Correa. A pesar de que el actual Presidente llegó al poder de la mano de su predecesor, al poco tiempo comenzaron a aflorar diferencias entre ambos hombres. Correa incluso ha criticado algunas medidas de Moreno, incluyendo su acercamiento con la oposición, tildándolas de «mediocres» y destructoras de su legado. La gestión del expresidente podría verse manchada por denuncias de corrupción hoy investigadas.

Por otro lado, desde hace al menos un año e incluso antes de que Moreno fuera electo, hubo señales muy sutiles de que Ecuador, a diferencia de Bolivia y Nicaragua, no seguiría apoyando incondicionalmente a un chavismo que marcha rumbo al aislamiento. Por ejemplo, cada vez que la crisis venezolana era abordada en la Organización de Estados Americanos (OEA), las delegaciones Caracas, La Paz y Managua hacían esfuerzos por sabotear el debate e impedir que iniciara siquiera, pero sin que la de Quito se les uniera. Además, las intervenciones de los diplomáticos ecuatorianos tendían a tener un tono menos fuerte en defensa del gobierno de Maduro que las de sus pares boliviano y nicaragüense.

 

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