Tras años de estancamiento — y rezago — en el salario mínimo oficial, el debate económico en torno a un posible ajuste o incremento se ha activado.
El hito que disparó las discusiones fue la promesa lanzada hace menos de un mes por Delcy Rodríguez, presidente interina de Venezuela.
El pasado 08 de abril, la dirigente chavista anunció un aumento salarial y dijo que éste se haría efectivo a partir del 01 de mayo de este 2026.
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Desde entonces, fuentes vinculadas al sector financiero y gremial han barajado distintas posibilidades.
Una de ellas implicaría un «ajuste salarial mixto», mediante el cual se otorgaría un incremento limitado del salario base y se compensaría con bonos más abultados.
Economistas como José Guerra creen que, en virtud de tal escenario, el salario mínimo oficial podría ascender de los 0.27 centavos de dólar a los 30 dólares.
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Las bonificaciones, por su parte, rondarían los 50 dólares, por lo que el denominado “salario mínimo integral” se ubicaría 80 dólares o, lo que es lo mismo, en 38.620.69 bolívares.
Guerra explicó que el posible “ajuste salarial mixto” no sería producto de un capricho, sino de un temor compartido por el sector público y privado: el crecimiento incontrolable de los pasivos laborales.
Para otros analistas, un aumento de cualquier índole no sólo impactaría en las arcas del Estado, sino que podría disparar fenómenos como la — de por sí elevada — inflación.
Sin una oferta de bienes que respalde el incremento de la liquidez, el ajuste podría acelerar los precios y, con ello, pulverizar lo poco — o mucho — que se pueda incrementar el ingreso mínimo integral.
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