La espirituana Daysi Puerta ha sido la encargada de atender a su madre encamada durante dos años. Cuando relata las condiciones en las cuales realiza las labores de cuidado evita mirar de frente a la cámara.
«No tengo sonda, no tengo medicamentos que darle porque son muy caros y en la farmacia nunca los hay», confiesa tímidamente Puerta, de complexión delgada y mirada marchita, mientras una hoja en su rostro parece ocultar una pequeña lesión dérmica.
El nuevo Código de las Familias, en vigor desde septiembre de 2022, cambió el escenario jurídico en torno a los cuidados en Cuba. También los hizo más visibles para la agenda pública, o al menos eso parece, al incluirlos como un derecho y definir los deberes con las personas mayores de 60 años.
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Específicamente el artículo 430 establece que los familiares «tienen el deber de contribuir a la satisfacción de las necesidades afectivas y de cuidado, y al sostenimiento de las personas adultas mayores, aunque no residan juntas, así como a preservar sus bienes».
En el mundo son recurrentes los debates que en relación al cuidado incluyen análisis de economía doméstica (estudia el hogar como una unidad de gestión y actividad económica), el impacto de la pobreza de tiempo sobre quienes cuidan, y el enfoque de género en el cuidado. Cuba también ha iniciado estas conversaciones.
Para fomentar el diálogo sobre el contexto demográfico cubano, las Universidad de Harvard, de Estados Unidos, y la casa de altos estudios Sorbona Nueva, de París, desarrollaron el encuentro «La crisis social vista por los retos del cuidado y envejecimiento en Cuba».
En el encuentro académico, la socióloga Blandine Destremau, directora de Investigación en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y quien lleva años estudiando el caso cubano, aseguró que existe una crisis de cuidados en el país. Como una de las principales causas, la investigadora señala que existe más demanda de cuidados que cuidadores.
¿Es el cuidado responsabilidad del Estado o de la Familia?
Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en Cuba para 2030 deben existir alrededor de 24 personas de 80 años y más, por cada 100 adultos de entre 50 y 64 años. Dicha relación hipotética permite dimensionar la proporción de dependientes y cuidadores, respectivamente. Para 2055 se espera que aumente el grado de dependencia hasta un 71 %, lo cual indica una sobrecarga de los potenciales cuidadores, explicó Destremau.
Al analizar la relación entre la demanda de cuidadores y la población económicamente activa ―menor de 65 años―, se observa un incremento hacia 2030 asociado al envejecimiento demográfico del país.
Acorde a la socióloga, «el cuidado familiar es una norma moral y un arreglo práctico, reforzado por el Código de Familias de 2022». Ello está en parte relacionado con que el 90 % de los adultos mayores viven en su casa, en muchos casos en hogares donde convive más de una generación. Por ello, prevalece una interdependencia familiar para «compartir los ingresos (ya sea pensiones, salarios u otros)» y para la distribución del tiempo.
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