Cedice: Hacia dónde va la Economía de Venezuela

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Con el objetivo de hacerle seguimiento a la evolución de la macroeconomía venezolana y de evidenciar su relevante vínculo con el gasto público, el Observatorio de Gasto Público de Cedice Libertad desarrolla los Reportes Macro-OGP, ofreciendo a la ciudadanía e influenciadores clave información valiosa y permitiéndole el monitoreo de estos indicadores.

La economía venezolana presenta muchos desafíos. Después de una contracción que implicó la pérdida de cerca de ¾ de su Producto Interno Bruto y de un muy duro y extenso episodio hiperinflacionario quedan muchos aspectos por corregir. El fracaso del modelo del gobierno le ha obligado a liberar ciertos controles, anotándose contados éxitos, pero todavía existe una gran desconfianza.

Ahora el producto de la economía venezolana crece y la inflación ha tenido una tendencia descendente. Pero vale la pena destacar algunos puntos. Empecemos por el segundo. Si bien la inflación interanual de Venezuela se encuentra entre 100%-200%, el costo para lograrlo fue elevado. El gobierno optó, en 2018, en la aplicación de altísimas tasas de encaje, primero bajo la modalidad marginal y más adelante con el encaje legal estándar, que eliminaron casi por completo el financiamiento de las empresas por la vía del crédito bancario. Eso tuvo un efecto contractivo, el cual se vio solapado con la inercia de caída que ya traía la economía venezolana.

Por otro lado, la economía creció durante 2021 y todo apunta a que también lo hará durante 2022, pero resulta difícil saber si es realmente una recuperación si se pone como referencia 2019, año previo a la pandemia, o es precisamente un proceso de limpieza de los efectos de la paralización económica que se impuso como manera de enfrentar la pandemia. Inclusive si el crecimiento de 2022 cerrara entre 15%-20%, cifra que muchos pudiesen decir que representa un signo de economía saludable, esta terminaría al finalizar 2022 con un nivel inferior al tamaño de 2019.

Otra de las variables clave para ese cambio de dinámica tiene que ver con la contención del tipo de cambio. Allí entran en juego tanto la desaceleración del crecimiento de los agregados monetarios, así como la de la inyección de divisas por parte del gobierno en el sistema bancario. Dada la opacidad de las cuentas nacionales, no es posible afirmar con precisión si la inyección de divisas es desproporcionada. Lo que sí pareciera ser una realidad es que los montos requeridos para mantener el tipo de cambio estable no son hoy significativos, pero eso pudiese cambiar a medida que se expanda la masa monetaria por el lado de bolívares, hecho que se dará cuando el crédito bancario comience a crecer de manera más fluida.

La dolarización también tuvo y tiene un rol importante en los cambios que se viven. En su momento permitió a los actores económicos tener una referencia estable en el tiempo y así poder ganar visibilidad y operatividad. Además, ese mismo proceso de dolarización llevó adelante un aumento de la masa monetaria en un momento en el que, producto de la hiperinflación y de las medidas de encaje legal, se tenía una profunda desmonetización de la economía, en moneda nacional. Una vez pasada la página de la hiperinflación y con un tipo de cambio menos volátil, el gobierno se plantea comenzar un proceso de desdolarización. Lo piensa hacer incentivando, promoviendo y hasta imponiendo, en algunos casos, el uso del bolívar, y también con la mencionada expansión del crédito. La meta luce ambiciosa toda vez que no se ha rescatado la confianza en la moneda local.

Por último, la economía venezolana se encuentra muy por debajo de su potencial. Con pocos cambios es posible que crezca hasta tasas que puedan considerarse como altas, pero son muchas las restricciones que todavía hacen peso sobre esa recuperación y por tanto la limitan. La precariedad de los servicios básicos, el aislamiento internacional, la falta de financiamiento y por sobre todo y el débil respeto a la propiedad privada, son algunas de esas limitantes que se pueden citar. Pero la principal es el deterioro institucional que presenta el país, no solo en la institucionalidad económica, sino también en la política. La recién selección de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia es un buen ejemplo de ello. Es un verdadero proceso de reinstitucionalización, con un firme respeto al estado de derecho, con independencia de los poderes públicos y un manejo transparente y probo de la cosa pública, el que representará un cambio relevante para la economía venezolana y para el país entero.

Texto e imagen de Cedice.

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