Secuelas del mega-apagón en Venezuela: Cuando el racionamiento impide hacer una vida normal

“A nadie le gusta vivir bajo la expectativa de que algo va a suceder, que es incómodo o dañino para su estabilidad y confort”, sostiene el psicólogo barquisimetano Pedro Torrellas respecto a la intranquilidad y zozobra a la que han sido sometidos los venezolanos tras el colapso eléctrico que se registró en el país el pasado 7 de marzo de 2019.

Durante los últimos años, las autoridades en materia eléctricas no ejecutaron sus proyectos presentados y aprobados para la mejora del sistema, las plantas de energía no recibieron el adecuado mantenimiento y esto provocó que para aquella fecha se interrumpiera el servicio eléctrico durante al menos 5 días, 7 o 10 en zonas más desfavorecidas.

Esto trajo consigo infinidad de problemas, principalmente en el desplome y agravamiento de otros servicios públicos (agua, gas doméstico, telecomunicaciones, entre otros), que afectaron la estabilidad emocional de las personas.

“Desde el punto de vista clínico, esto genera la exacerbación de los síntomas en planos personales, donde la persona empieza a tener la sensación de que el propósito de vivir se le viene abajo porque cada corte de electricidad, o de los servicios básicos, impide la vida normal”, expone Torrellas en entrevista para Elimpulso.com.

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Imagen de El Impulso.

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