Negocios en Venezuela ya reciben pago en dólares

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Reuters.- En un lujoso hotel en Caracas, abrió en septiembre una discreta tienda de vinos y rones que en otros anaqueles también exhibe desodorantes, pañales y fórmulas infantiles importadas.

Al otro extremo de Venezuela, en la calurosa ciudad de Maracaibo, otro negocio muestra en sus vitrinas jabones de tocador o sales trufadas, y en ambos las marcas que ofrecen son en su mayoría estadounidenses con precios en la moneda de ese país o su equivalente a la tasa de cambio paralela, que duplica la oficial.

La reciente reforma legal que promovió en agosto el Gobierno Nacional, despenalizó —al derogar la ley que definía los delitos cambiarios y reformar parcialmente el convenio cambiario— “la libre convertibilidad de la moneda”, medida que alentó el auge de estos negocios que suelen llevar la firma de “bodegones”.

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“Aquí vendemos en dólares”, dijo Lourdes Torres, la encargada del local de Maracaibo, mientras atendía a los clientes que hacían fila para pagar. “Recibimos efectivo y también por transferencia de bancos americanos”, apuntó desde el mostrador donde aceptan billetes con próceres de Estados Unidos.

En estos negocios, ofrecen productos casi imposibles de encontrar en las grandes redes de supermercados, que aún bajo la crónica escasez y la primera hiperinflación que sacude al país, se les exige vender la mercancía a precios regulados.

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Si bien los encargados consultados incluyen entre su lista de clientes a diplomáticos o turistas extranjeros, los bodegones no son una alternativa para quienes dependen de un salario mínimo equivalente a unos 30 dólares a la tasa oficial, en un país donde al menos 80 por ciento de la población se salta una comida al día.

Entre los compradores que llegan por azúcar o vitaminas se cuentan ejecutivos, que reciben alguna bonificación periódica en dólares, y también jubilados que subsisten gracias a las remesas que envían sus familiares, tras el éxodo de millones de venezolanos que provocó la crisis humanitaria.

Es el caso de Sonia Ramírez, una exjueza de 52 años, que en la fronteriza ciudad de San Cristóbal acude a estos bodegones cuando recibe unos 120 dólares que envían cada mes sus dos hijos desde República Dominicana y España para evitarle hacer colas en los abastos tradicionales por sus dolencias de espalda.

“Siempre están muy surtidos, pero no con los precios que dice el Gobierno”, dijo la abogada que también cobra en divisas por las asesorías que ofrece ocasionalmente.

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