¿Y si le quitamos el nombre al Bolívar?

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Es justo comenzar diciendo que la idea no es original y mucho menos de mi propiedad. Solo la traigo a este espacio como reflexión.

Recientemente en el canal del Estado, un analista económico, planteó  la necesidad de hacer algo para que el nombre del Padre de la Patria, no se siga enlodando a medida que la moneda continúa depreciándose a ritmo vertiginoso.

Parafraseando , el señor decía que si no éramos capaces de fortalecer la moneda, era necesario evitar tal bochorno sobre el nombre de Bolívar, poniendo como ejemplo  lo que ocurre en la República Popular China. “La moneda oficial de China se llama Renminbi (RMB), que significa «moneda del pueblo, su unidad básica es el yuan (CNY) y ambos términos se utilizan indiferentemente” según se desprende de una breve búsqueda en internet.

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Tomando en cuenta las palabras del economista probablemente quiso decir que se acuñara otra moneda que sirva para las transacciones comerciales y no se denomine “Bolívar”.

Más allá de las consideraciones políticas o monetarias, es cierto que el nombre del Libertador está por el suelo gracias a la hiperinflación, que no parece tener piso.  Sin embargo, lo que interesa a la población en la práctica no es el nombre de la moneda sino su valor  de compra.

Ante esta realidad sin duda aplastante, el Gobierno no solo insiste en la creación de una criptomoneda,  la cual actualmente se sitúa en un nivel de discusión conceptual que es intangible, sino que también busca imprimir nuevo aliento a las monedas comunales.

En estos días ha sido noticia la puesta en circulación de una  nueva moneda comunal en el 23 de Enero llamada “El Panal”;  pero no es la primera iniciativa de este tipo en la zona.  En el año 2012   se  anunció la puesta en circulación de la moneda llamada “Líder” que se identificaba con  el rostro de Hugo Chávez, la cual tenía como propósito ser usada para el pago del pasaje estudiantil en la ruta Juan23.

El tema de las monedas comunales es una vieja idea chavista, y en este sentido el Gobierno ha realizado varios intentos por reforzar este tipo de  instrumento.  La Lionza, el Zambo, el Momoy, el Ticoporo, La Paria, el Tamunangue, el Relámpago del Catatumbo, el Guaiquerí, el Cóndor, el Zamorano,  el  Turimiquire, son parte de la lista de  monedas de la llamada “economía solidaria” regional.

Lo cierto es que el intercambio de bienes en estas comunidades no es representativo y  su eficiencia es a mi juicio parecida a la de los gallineros verticales y a los cultivos organopónicos.

Elías Jaua y Erika Farías han sido algunos de los funcionarios que más han potenciado este tipo de transacciones. De hecho, al asumir su cargo como alcalde de Libertador, Farías se ha pronunciado por instalar en Caracas núcleos comunales que permitan radicalizar “el proceso”.  Mientras esto ocurre, cada vez menos personas quieren mantener sus posiciones en bolívares y existe un clamor para la adopción de otra moneda que ofrezca un respiro a la población.

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