Crisis del sector turismo venezolano se intensifica

Y, particularmente en Zulia, el racionamiento eléctrico ha sido la última herida abierta del turismo. Maracaibo y otros 20 poblados experimentan cortes de luz de 12 horas al día desde hace siete meses

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La decadencia de la economía nacional ha lapidado el turismo en Venezuela, evalúan dirigentes empresariales.

La ocupación en los 27 hoteles de la ciudad es de apenas 11 por ciento, precisa José Chamy, presidente encargado de la Cámara Hotelera local.

Los estándares hoteleros consideran financieramente saludable que ese promedio esté entre 35 y 40 por ciento, indica el vocero.

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El torneo futbolístico de 2007 y los conciertos de artistas internacionales hasta 2013 valieron a la ciudad picos en el alquiler de habitaciones de entre 85 y casi 100 por ciento, según Chamy.

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Leudo González, presidente del Consejo Superior de Turismo de Venezuela, dijo en octubre que la ocupación hotelera nacional era de 25 por ciento.

El indicador se elevó moderadamente en las últimas semanas hasta 36 por ciento, de acuerdo con Chamy, lo que ubica al Zulia en el sótano del ranquin de la hotelería y, por ende, del turismo en el país.

La crisis también se hospeda en los hoteles. Muchos, admite Ricardo Acosta, presidente de la Federación de Cámaras del Zulia, han clausurado la mayoría de sus habitaciones al no poder costear sus mantenimientos.

El hotel de una de las avenidas principales del norte de la ciudad tiene hoy cinco de sus 10 pisos cerrados, ejemplificó.

Las fallas de los servicios públicos, así como la escasez de la gasolina, la inseguridad y el mal funcionamiento de las telecomunicaciones, favorecen el resbalón turístico en Venezuela, coinciden empresarios y habitantes.

Y, particularmente en Zulia, el racionamiento eléctrico ha sido la última herida abierta del turismo. Maracaibo y otros 20 poblados experimentan cortes de luz de 12 horas al día desde hace siete meses.

“Es lo que más ha perjudicado”, afirma con vehemencia el vocero de la Cámara Hotelera. Aún así, los patronos confían en la resurrección.

Las autoridades promueven retoques en plazas y actividades culturales en las vísperas de la Feria de la Virgen de “La Chinita” como quien ondea una bandera de invitación desde una isla desierta.

“Convocamos a todo el pueblo maracaibero, zuliano y venezolano a que se vengan pa’ Maracaibo a disfrutar de la buena feria de ‘La Chinita’”, declaró el alcalde Willy Casanova, simpatizante de Nicolás Maduro, tras un modesto desfile de 30 comparsas en el centro de la ciudad.

La oferta no convence a Reina Sulbarán, residente de Maracaibo.

“La ciudad era más bonita. Todo está muy olvidado. Y, ahora, ¿cómo se moviliza uno con estos sueldos?”, se pregunta, poco antes de desalentar a una sexagenaria que mendiga a las afueras de la basílica.

La vida comercial que se deriva del turismo es cada vez más raquítica.

Un restaurante podía facturar 120 mesas en una buena noche en Venezuela, dice el dueño de un sitio de comida italiana bajo condición de anonimato.

“Ahora, si llegamos a 20 mesas, es mucho”, acota.

Las ventas de boletos aéreos cayeron al menos 60 por ciento en comparación con el año pasado, comentó recientemente Nicolás Furnari, presidente de la Asociación de agencias de Viajes y Turismo.

Es un efecto dominó, como el juego que cada tarde comparten Aura y sus dos amigas bajo el arco de la emblemática plaza del norte de Maracaibo.

Ante su mesa de madera, la veterana jugadora corona su queja.

“La ciudad me quedó chica”, dice. “Estoy loca por irme para mi pueblo”, remata.

Con información de VOA Noticias

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