Claves económicas para entender el conflicto chileno

Leonardo Vera explicó que a pesar de que Chile, es un país con un ingreso per cápita de 20,000 US$, hay motivos económicos que desencadenaron las actuales protestas

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El economista Leonardo Vera explicó que a pesar de que Chile, es un país con un ingreso per cápita de 20,000 US$, superior a cualquier país de la región, con una tasa de pobreza de 8%, y creciendo por encima de la región (2,5%), hay motivos económicos que desencadenaron las actuales protestas.

“De entrada es importante señalar que las manifestaciones han estado encabezadas por una nueva generación de chilenos, de menos de 30 años, que no conocieron la dictadura, abiertos para expresar sus angustias y desesperanzas, en un orden político que permite la protesta”, puntualizó a través de su cuenta en twitter y continuó relatando que Chile parece ser un país con una clase media emergente, que vive mejor de lo que vivía antes, pero que está frustrada ante sus aspiraciones. Esa brecha de aspiraciones es el caldo de cultivo del malestar social.

“El salario mínimo en Chile es alto para la región (US$423) pero según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, 50% de los trabajadores chilenos recibe un sueldo igual o inferior 562 dólares al mes”, precisó.

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Para salir adelante esa clase media emergente (que salió de la pobreza durante la democracia) se ha endeudado masivamente y no tienen recursos para llevar por si solos esa carga financiera. Reclaman los altos precios de la electricidad, la gasolina, el transporte y los medicinas.

Los servicios para la mayor parte de la población son costosos. De hecho en función al ingreso medio, el transporte público en Chile es uno de los más caros del mundo. Un reciente estudio señala que de un total de 56 países, el costo del transporte en Chile ocupa el puesto 9.

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Hay familias de bajos recursos que pueden gastar casi un 30% de su sueldo en transportarse, mientras que dentro del nivel socioeconómico más rico, el porcentaje de gasto puede ser menos de un 2%.

Al alza en el pasaje del metro se suma el incremento en el costo de la energía eléctrica, del agua y la crisis en el sistema público de salud. El sistema de salud público es precario y costoso.

Ante esto, puntualizó que “14 millones de chilenos pagan mensualidades altas y se quejan de la mala atención en los hospitales, de las largas esperas para lograr una cita, y las malas condiciones de los centros de salud”.

Chile es un país plagado de desigualdades económicas. En el reporte Panorama Social de América Latina elaborado por la CEPAL, para 2017, el 1% más rico se quedó con el 26,5% de la riqueza, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la riqueza.

El quintil más alto, donde se concentra la población más rica del país recibe en ingresos, en promedio, 11 veces superiores al quintil uno, de los más pobres.

La educación es un buen ejemplo de cuan importante puede ser el tema de la desigualdad, para el 20% más pobre no representa en su presupuesto lo mismo que para 20% más rico. La cobertura en educación universitaria asciende a 59% en el 20% más rico, y cae a 22% para los más pobres.

Una carrera en el sistema de educación pública universitaria cuesta entre 25.000 y 50.000 US$, por lo que los jóvenes tienen que recurrir a préstamos bancarios con el aval del Estado. Si son familias de clase media o clase media emergente, quedan mas tarde con una deuda vitalicia.

A todo esto hay que añadir la importancia de la vivienda para la clase media joven y de menores recursos. El costo de la vivienda ha subido un 150% en la última década en tanto que los ingresos solo en un 25%, de acuerdo con un estudio de la Universidad Católica de Chile.

No cabe duda Chile es un país con éxitos en materia de pobreza, donde hubo un gran crecimiento de la clase media, pero es una clase media precarizada, que tiene bajos salarios reales, bajas pensiones, que vive mucho del crédito, y que vive stress por los altos niveles de deuda.

En una sociedad con aspiraciones, todo la anterior es un cocktail que no provee de esperanzas y que va fraguando malestar colectivo entre quienes se ven desfavorecidos.

Ese malestar inorgánico, carente de representación política, en una dictadura habría sido aplastado ferozmente. No muy lejos tenemos un buen ejemplo al norte de Sudamérica. En el caso chileno, representa un verdadero desafío para la democracia.

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