Venalum paralizada totalmente desde el primer apagón

Venalum solicitará a Corpoelec un estimado de consumo, pero la aspiración es activar los procesos productivos con 100 MW, la energía que consumía antes del apagón con 59 celdas electrolíticas en servicio.

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La estatal reductora de aluminio, Venalum, cumplió un mes paralizada totalmente. Con un acceso de personal limitado desde la detención el viernes 8 de marzo como consecuencia del apagón nacional, las labores para un potencial arranque han sido también restringidas. Fuentes de la industria informaron que la directiva ha postergado la puesta en servicio progresiva, en función de la garantía de suministro eléctrico por parte de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), publica Correo del Caroní.

Días después de la paralización total, debido al congelamiento del metal líquido en sus 59 celdas -de un parque de 905 celdas en total- tras más de 10 horas sin electricidad, la directiva informó al personal gerencial que el arranque progresivo de la producción de aluminio estaba programado para el 15 de junio, pero la fecha fue aplazada, reseñó  La Patilla.

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Un técnico de la industria, que pidió mantener su nombre en reserva por temor a represalias, informó que existe un plan extraoficial para arrancar V Línea en julio “siempre y cuando haya confiabilidad del sistema eléctrico”, pero reconoce que el plan de racionamiento implementado por el gobierno de Nicolás Maduro muestra los problemas de generación y transmisión y, por lo tanto, reduce las expectativas de pronto arranque productivo.

La planta contaba con 18 celdas listas para su puesta en servicio al momento de la paralización total el 8 de marzo, pero el suministro eléctrico es clave, pues este proceso de producción es netamente eléctrico y su ausencia por más de dos horas significa una pérdida total. Reacondicionar cada celda implica una inversión de $ 240 mil dólares, de acuerdo con un informe técnico de la estatal emitido en septiembre de 2017. Realizar esta inversión con el riesgo de una nueva interrupción eléctrica sería una apuesta irresponsable, han señalado trabajadores.

Venalum solicitará a Corpoelec un estimado de consumo, pero la aspiración es activar los procesos productivos con 100 MW, la energía que consumía antes del apagón con 59 celdas electrolíticas en servicio.

Entretanto, realizan mantenimientos “pero limitados por falta de insumos, reemplazo de algunas piezas que con las líneas desenergizadas es más fácil, fundiendo el metal de las celdas que se congelaron y con eso produciendo lingotes”, dijo otro técnico de la estatal del aluminio.

El secretario de finanzas del Sindicato de Trabajadores Profesionales Universitarios de la Industria del Aluminio (Sutrapuval), Ángel Brito, coincidió en que el arranque está previsto entre julio y agosto, pero sus expectativas son escasas. “Después de las declaraciones del presidente de Corpoelec, Igor Gavidia, de que el racionamiento puede durar 30, 60, 90 días o un año, veo muy difícil que Venalum pueda arrancar este año, esa es la realidad”.

Pese a la paralización, dijo, se mantiene la ejecución del proyecto de sustitución de los transforrectificadores del complejo 1, un viejo proyecto con la china Chalieco, y refacciones dentro de la planta. “La gerencia general a través de la presidencia está solicitando recursos para aprovechar el cierre técnico para adecuar cada una de las áreas porque, por ejemplo, la planta de carbón está destrozada, Colada está a 35% y V Línea estaba por ese orden y Complejo 1 y 2 solo trabajaba a 14%. Hay mucho trabajo por realizar mientras la planta está parada, pero sin recursos es poco lo que se puede hacer”, manifestó.

Además de Venalum, la estatal reductora de aluminio, Alcasa, se detuvo por completo esa mañana del 8 de marzo, aunque su operación era mínima con solo 14 celdas en servicio. El apagón paralizó los procesos de Bauxilum, detenida desde septiembre de 2017 y en planes de arranque, así como el de briqueteras que operaban en mínimos.

El dirigente sindical estima que, en la actualidad, solo ingresan a Venalum un máximo de 100 trabajadores al día, una situación que se evidencia en el poco tráfico alrededor de las industrias de metales.

“El edificio corporativo está cerrado, quienes entran lo hacen por el sótano. A las 11:00 de la mañana retornan a sus casas, quedarse puede ser un riesgo porque tampoco hay suficiente seguridad adentro”, advirtió.

Por María Ramírez Cabello

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