EN FOTOS: Hija de expresidente JF Kennedy atiende a refugiados venezolanos en Cúcuta

Caroline, única hija viva de John Fitzgerald Kennedy, ex presidente de Estados Unidos, compartió y vivió el grave problema de la diáspora venezolana en Colombia

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Caroline Kennedy, la única heredera del emblemático presidente de Estados Unidos, John Kennedy, aterrizó en el aeropuerto de Camilo Daza, vestida cómodamente con pantalones caqui y camisa blanca. No vino como observadora, estaba preparada para arremangarse y el primer día experimentó los problemas diarios de los 1000 venezolanos que cruzan la frontera a diario, hambrientos, sin protección, sin esperanza.

Tienen sed de cruzar las carreteras entre las rocas del río San Antonio, cada vez más seco, o el vigilado puente Simón Bolívar. De cualquier manera, por más difícil que sea el horizonte, cualquier oportunidad es mejor que la situación desesperada que los expulsan de su país, relató Venezuela al Día.

Caroline Kennedy estaba casi sorprendida por la Casa de Paso ‘Divina Providencia’, donde el padre del lugar la recibió. José David Caña a las once de la mañana. No permitió cámaras de video. Anunció el trabajo del Comité Internacional de Rescate (IRC) con el que trabaja como embajadora de buena voluntad. Una fundación dedicada a la atención de crisis humanitarias, como Yemen, El Salvador y Venezuela.

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Este último, una situación tan extrema que llevó a Caroline Kennedy a ser cuatro años embajadora del gobierno de Barack Obama en Japón. El año pasado regresó a su país para realizar causas humanitarias en las cuales poblaciones menos protegidas viven en el centro de atención debido a conflictos internos.

Allí estuvo con el padre Caña repartiendo el almuerzo y acompañando a los refugiados venezolanos. Vienen con lo poco que han logrado salvar del catástrofe que casi siempre cabe en una maleta. La gran mayoría de los 442.462 venezolanos que cruzaron la frontera en los últimos cuatro meses se establecieron en el pueblo de La Parada. Allí, a diez minutos de Cúcuta, permanecen condiciones dolorosas durante semanas.

Puede haber cincuenta venezolanos compartiendo una habitación y rentándolos a 3,000 pesos por cabeza. Para orinar en esos lugares, los dueños pagan 500 pesos. Si tiene que dar de alta, el cargo es de 2 mil pesos. Incluso si usted quiere dormir en el banco de sueño del corregimiento, se le cobrará mil pesos.

Por lo tanto, a solo un kilómetro del puente Simón Bolívar, desde principios de 2017, la Casa de la Divina Providencia fue fundada por el sacerdote José David Caña Peres. Nacido en Gamarra Cesar hace 42 años, una buena parte de su vida en Venezuela la vivió cuando sus padres estaban en Caracas, en los años noventa y como muchos otros colombianos, en busca de una mejor diferencia. Desde ese momento recordaron cuando los venezolanos tiraron la cazuela de pescado a la basura y solo se comieron el pecho. Una situación contraria a la crisis humanitaria que ha provocado hoy a Venezuela.

El 11 de diciembre de 2004, este joven sacerdote tuvo un estímulo legendario. Vino a reunir a más de 2.500 miembros de la congregación en campos de fútbol de la frontera en grandes ocasiones donde podía recolectar los fondos, solo en 2018, 500 mil almuerzos. Todos los días sirve a 1.500 venezolanos que, con derecho a voto, han convertido a la Divina Providencia en un hogar obligatorio. El padre, en su pequeña cocina en un patio, tiene 50 personas, casi todos voluntarios, preparando el almuerzo para los venezolanos. El almuerzo es a menudo santandereano y todos están de acuerdo en que la casa huele a madera quemada, un olor a hogar que huele las dificultades que los venezolanos cierran en medio de su tragedia.

Su trabajo le valió el Premio al Portafolio en diciembre de 2018 y llamó la atención de Caroline Kennedy, la principal política del Partido Demócrata y la única hija viva de John Fitzgerald Kennedy.

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