La Reconversión que nos dejó sin aliento

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Los venezolanos estamos conteniendo prácticamente el aliento desde los anuncios del viernes en la noche. Mucha confusión y pocas palabras para explicar lo que ha sucedido. Todos sabíamos que venía gestándose un ajuste, pero la velocidad y la direccionalidad del mismo era difícil de predecir. Como planteamos en otra columnas en el ambiente había la interrogante sobre la posibilidad de que algunas empresas hicieran ajustes salariales; sin embargo, la poca rentabilidad de la mayoría de las compañías hacían pensar que esto no era posible de concretar. Pero tampoco era razonable pensar que se iba a anunciar un ajuste de salario mínimo de tales dimensiones como se hizo.

Según cálculos presentados por los expertos en el tema, el nuevo esquema salarial tendrá un costo de dos mil millones de dólares, cifra nada despreciable para un país con un importante déficit en el flujo de caja. El gobierno asegura que asumirá la nómina de la pequeña y mediana empresa para garantizar que no se traslade el costo al precio de los bienes y servicios, pero habrá que esperar para comprobar que efectivamente se concrete este auxilio.

Y en este punto tocamos la médula del problema económico de Venezuela: la falta de confianza en un gobierno que ha insistido en aplicar un sistema económico fracasado una y mil veces solo cambiándole el nombre.

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Seguimos con el aliento contenido y en el transcurrir de este martes, primer día luego de la reconversión vemos precios que son 10,20 y 30 veces superiores a los de la semana pasada. ¿Cómo es posible evitar esto? Pues no se puede por decreto, los comerciantes que han abierto  buscan hacer flujo de caja para asumir el nuevo salario, no confían en que el gobierno les auxilie o simplemente no están dispuestos a solicitar esa ayuda.

Mientras tanto es el trabajador el que sufre más pues vamos a tener que sacar dinero de donde no tenemos para enfrentar el aumento de precios por un salario que aún no recibimos. Algunos poco recibirán el bono de reconversión, pero sabemos que esta asignación cubre a una pequeña parte de la población y finalmente no se trata de engrosar las filas de los que esperan sin remedio la ayuda oficial. Todos sabemos que merecemos un salario digno por nuestro trabajo que cubra nuestras necesidades básicas pero no es la realidad que nos tocó en esta época de Venezuela.

Sin aliento seguimos tratando de reponernos, reinventarnos y recomenzar como ha sido nuestra historia de los últimos años de sobresaltos.

 

 

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