Alexander Guerrero: Venezuela Un Estado Fallido

Una economía colapsada, un sistema político pervertido, corrupción y destrucción institucional, hambre, hiperinflación, empobrecimiento absoluto y des-configuración político institucional, bajo golpe de Estado y sin controlabilidad internacional

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Como se convirtió Venezuela en un Estado Fallido, un fenómeno que la sociedad civil y la intelligentzia nacional no han sabido deseado aprender, los problemas de Venezuela son primarios, alimentación salud y vida, las complejidades de un Estado contemporáneo no están al alcance de la lucha política

 ¿Es Venezuela hoy un Estado Fallido? No cabe duda, sí lo es.

¿Y cómo llegamos a esa condición de Estado Fallido y qué es lo que en realidad muestra un Estado Fallido? Es la pregunta que muchos nos hicieron en relación a una nota anterior, donde intento aclarar que el camino tomado por el gobierno -ya en condiciones de gobierno forajido-en un Estado capturado por el narco-tráfico, había escogido en su carrera hacia delante una ruta de aislamiento, autogenerada y por consecuencias no intencionadas por un esquema de fuerte contracción económica inducido por controles y severas restricciones y regulaciones sobre el desgastado y descapitalizado aparato económico privado y petrolero tanto por caída de producción y precios- generaría una enorme  contracción económica que entre 2015 y 2016 acumuló una pérdida del volumen y valor de la económica en 24% del PIB, según reseña un trabajo publicado en el blog.alexanderguerrero.com.

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Las consecuencias socioeconómicas han sido las de un acelerado empobrecimiento y un creciente ritmo de hambre que cumpliendo el “librito de la protesta social” generarían una reacción política y social entre los sectores más vulnerables, los empobrecidos que se sumaron al crecimiento de la pobreza extrema que alcanzó el 54% de la población, con escasez y racionamiento que eran apenas los síntomas de un síndrome económico de quiebra y ruina que no tenía ni tiene remedio en el actual marco político. En ese sentido, solo le restaba apertrecharse masivamente de un aparato político militar de represión, utilizando la violencia del Estado -asociado a grupos paramilitares, milicianos y sectores provenientes del hamponato- y destinados a alcanzar la última fase de su Plan de la Patria: domesticar la protesta y convertir a los ciudadanos al servilismo del CLAP y su violencia. Es lo que hoy vemos en las calles.

El mecanismo de violento control social lo vemos hoy en la calle, una represión colosal con la cual, como palanca de poder y en última instancia, la represión, preparada con tiempo. Sus esperanzas eran la de inducir la domesticación a un pueblo que con algún retraso comenzaba a mostrar deseos de cambio. Dos variables se juntaban en el mismo fenómeno, la hiperinflación restringiendo la indexación de salarios y contratos privados, unidos a los controles de precios impondrían un fuerte ritmo de empobrecimiento destinado por oficio a disminuir la vocación política de protesta y buscar una salida en las calles.

Así, esa severa contracción económica, pérdida de 500 mil puestos de empleo, servicios públicos colapsados, todo lo cual es percibido por más jóvenes como un futuro aterrador. El hambre que se hizo masiva en cuatro años, ha sido siempre -con o sin consecuencias no intencionadas- en un factor natural para el control social. El gobierno así abrazaba un intenso grado de aislamiento, autarquía, y un desmoronamiento acelerado institucional para lo económico y social y una dependencia de la represión del aparato militar cubano y nicaragüense. Venezuela, era obvio, de manera acelerada venia cumpliendo la ruta del Estado fallido.

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